Diario de León

«Esta ley me manda a pedir»

Los hosteleros con establecimientos en organismos oficiales se quejan de «la discriminación» que supone que en el resto de cafeterías puedan elegir, mientras señalan el bajón significativo de sus rendimientos

Sierra Alba, ayer en la cafetería vacía del Ayuntamiento de León

Sierra Alba, ayer en la cafetería vacía del Ayuntamiento de León

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A. Caballero - león
León

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La libertad de elección del colectivo de la hostelería para decidir si su negocio es permisivo con los fumadores se quiebra en los establecimientos asentados dentro de los organismos públicos, en los que el veto no encuentra resquicio alguno para dejar escapar ni siquiera una calada: Prohibido fumar. Y punto. Lo que pasa por ser una reflexión de cajón -al tratarse de un centro de trabajo- no presta atención a una realidad empresarial que ha cambiado significativamente con las doce uvas. «Antes hacía alrededor de 100 euros al día y ahora no llego casi a una tercera parte», relata Sierra Alba Giménez, encargada de la cafetería del Ayuntamiento en Ordoño II, quien asegura que «en los tres primeros días de aplicación de la nueva ley en la caja sólo entraron 17 euros». «Para echarse a llorar», zanja. El llanto de Sierra Alba, que lleva cuatro años al frente del establecimiento, encuentra cobijo en el colectivo de hosteleros que regentan cafeterías en edificios de administraciones públicas, y por eso se siente portavoz de sus quejas. «Hablo en representación de todos los que como yo somos ajenos a estos organismo oficiales, estamos en régimen de autónomos y debemos sacar adelante nuestro negocio», asienta mientras mira la barra en la que, a las 13.00 horas, sólo hay dos personas. «No sé que voy a hacer con el vino que tengo comprado; lo tiraré», se resigna, a la vez que adelanta que ahora cierra la puerta a las 13.30 horas -desde las 06.45- «porque los trabajadores prefieren bajar a la calle o a los bares de los alrededores para poder acompañar los cortos con un cigarro». Fumadora, al tiempo que hostelera, entiende perfectamente la postura de sus antiguos clientes. «Casi el 95% de la gente que venía era fumadora y desde el 1 de enero la ley les obliga a salir de aquí», apunta, mientras que guarda menos comprensión para los redactores de la normativa: «Es totalmente discriminatoria, ¿por qué los demás bares pueden escoger y yo no tengo la posibilidad de decidir si dejo fumar o no?», interroga para encontrar la solución a partir de «equiparar los derechos y obligaciones de todos». Aunque «la gente se queja», Sierra acata la normativa porque «hay gente que está a la caza». Es casi la hora de cerrar. «Esta ley me manda a pedir a la calle», zanja mientras hace caja de un vistazo.

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