| Reportaje | Con Dios |
Las puertas del cielo se abren para un ferroviario leonés
La próxima beatificación del seglar Antero Mateo García, con parientes en Valdevimbre, se suma a la veintena de sacerdotes y religiosos leoneses que Juan Pablo II ascendió a los altares
Arriba, el beato «Pepín». Debajo, Lucio, Concepción y Antero
«Era un hombre muy católico y entregado a la fe cristiana», afirma en Valdevimbre uno de los parientes lejanos de Antero Mateo García (1875-1936), el próximo leonés que será beatificado en el Vaticano por su martirio durante la Guerra Civil española. Su caso es llamativo porque lo promueve una orden religiosa, a pesar de que Antero era seglar. De ferroviario a beato pasando por el martirio. Así se puede resumir la vida de este hombre, cuyo decreto de reconocimiento de su martirio fue publicado recientemente por la Santa Sede. Este hombre casado, padre de ocho hijos, de la Tercera Orden de Santo Domingo, será elevado a la gloria de los altares junto a once compañeros mártires, hombres y mujeres de la Segunda y Tercera Orden de Santo Domingo. Antero Mateo García, modesto ferroviario, era un auténtico representante del mundo obrero. Nació el 4 de marzo de 1875 en Valdevimbre. Siendo joven, hubiera querido estudiar y ser sacerdote, pero la situación económica de sus padres -era el mayor de nueve hermanos- se lo impidió. Al trasladarse a Barcelona para trabajar, entró en relación con la Orden de los Predicadores de los dominicos, pues participaba en las actividades de su iglesia. Según el relato martirial que argumenta su beatificación, junto a su mujer, se convirtió en miembro de la Fraternidad de la Tercera Orden. Tenía un gran amor por la Eucaristía y el Rosario, que rezaba muy a menudo. Cuando la persecución religiosa estalló en Barcelona, fue amenazado en su lugar de trabajo. El 8 de agosto de 1936 fue detenido. Le llevaron a Sant Andreu de Palomar, cerca de Barcelona, para ser torturado y fusilado. La investigación realizada con motivo de su causa de beatificación aclara que fue asesinado «por odio a la fe». Entre sus compañeros mártires, se encuentra otro laico de la Tercera Orden de Santo Domingo, Miquel Peiro Victori, casado (1887-1936) y religiosas dominicas. Según la estadística difundida por la Santa Sede, el número de víctimas religiosas de la persecución desencadenada entre 1936 y 1939 en León fue de doce, mientras que en Astorga se quedó en ocho. Algunos de ellos ya han ascendido a los altares durante el pontificado de Juan Pablo II. Una de las biografías más duras es la del beato «Pepín», originario de Camposalinas. El calvario de José Ricardo Díez del Corazón de Jesús (1909-1936) empezó de niño. La madre, deficiente mental, fue violada y fruto de este acto nació el agustino. Su carrera fue muy controvertida. Inició el noviciado y en 1926 asumió el sobrenombre religioso de San Nicolás de Tolentino. Empezó Filosofía, pero a los pocos meses su entusiasmo vocacional desfalleció y regresó a Camposalinas. Pero se arrepiente y retomó su noviciado en Motril (Granada). Al mes de llegar al convento fue apresado y ejecutado por los rebeldes. Matanza de oblatos En otro proceso previo, Juan Pablo II beatificó a los 22 mártires oblatos asesinados en Pozuelo de Alarcón, de los que 13 eran de la provincia leonesa. El 22 de julio del 36, un grupo de milicianos toma el seminario y el convento, donde la mayoría son estudiantes de entre 18 y 24 años. Esa noche asesinan a siete. El calvario prosigue para el resto, que irá muriendo en sucesivas matanzas. Eran José Vega (Siero), Juan Antonio Pérez (Santa Marina), Justo González (Villaverde), Servillano Riaño (Prioro), Cecilio Vega (Villamor), Justo Fernández (Huelde), Juan Pedro Cortillo (Siero), Eluterio Prado (Prioro), Marcelino Sánchez (Santa Marina), Pascual Aláez (Villaverde), Clemente Rodríguez (Santa Olaja), Francisco Polvorinos (Calaveras) y José Guerra (León). El 11 de marzo del 2001 fueron beatificados cuatro dominicos y una carmelita-vedruna, además de otros 213 mártires de la guerra. Los dominicos, excepto uno, fueron asesinados en Calanda después de una larga persecución. Eran Saturio Rey Robles, Lucio Martínez Mancebo, Felicísimo Díez González y Constantino Fernández. La religiosa, Concepción Rodríguez Fernández, fue asesinada el 24 de noviembre del 36 en una casa de Valencia. En proceso están los seis de Morgovejo, de los que dos están incluidos en el proceso abierto actualmente por el obispado. Gregorio Prieto, Alejandro de Castro, Agustín Rodríguez y Timoteo del Blanco consiguieron la palma del martirio de muy diferentes formas.