«Quedamos 150 activos entre 1.500 y traer nuevas empresas hasta aquí no es fácil»

Francisco García, frente al Ayuntamiento de Sabero, que aún está en pie
Del valle de Sabero, cuyo municipio incluye las pedanías o juntas vecinales de Sahelices, Olleros, Sotillos y Alejica, además de la cabecera comarcal, ha emigrado durante los últimos quince años más de las dos terceras partes de la población en edad de trabajar. Los que quedan son jubilados o prejubilados de la minería y de la ganadería, aunque en las familias es difícil distinguir una actividad de otra, porque tradicionalmente ambas eran complementarias hasta hace poco. Según el alcalde Francisco García, el cierre de Hulleras de Sabero fue un engaño de promesas de recolocación industrial que, encima, había que repartir con ayuntamientos vecinos, como Cistierna. «Unos mineros, los más cualificados, se buscaron la vida en la Vasco o en el Bierzo, pero los más, cuando se les acabó el paro, tuvieron que emigrar fuera, a Madrid o Barcelona, como todo el mundo». En el cierre de las minas las administraciones prometieron todo tipo de ofertas de recolocación y de reindustrializaciones para la comarca, que luego resultaron ser un fiasco. Las empresas venían a la caza de subvenciones oficiales, duraban tres años y cerraban. Entre las que todavía quedan figuran industrias alimentarias, ganaderas, incluso una que cultiva champiñones en las antiguas galerías de las minas y poco más. «Se prometió mucho y todo era mentira», según García, «y, cuando el el referendum del cierre de la mina la gente votó en un 80% que sí, a lo mejor ahora hubiera hecho todo lo contrario incluído yo... En fín, no lo sé, porque aquello ya venía decidido de Europa y la propia empresa te decía que o lo tomas o lo dejas. Lo que no es cierto es que hubiera una gran euforia por las indemnizaciones y que la gente pensara que el dinero no se iba a acabar nunca o que los venderores de coches hicieran el agosto en la zona, porque la gente no es tonta y sabía que el dinero iba a durar lo que duró». En el valle de Sabero, según su alcalde, queda ahora una población de algo más de 1.600 personas de las que apenas 150 son trabajadores en activos y, aún de ellos, muchos con el puesto en el aire, a la espera de que industrias nuevas, como Enervisa tampoco echen el cierre. En la comarca sólo trabaja ahora uno de cada diez vecinos y el resto son jubilados o ex mineros de edad avanzada a la espera de cobrar una pensión. En cuanto a las salidas económicas que le quedan a la comarca aparte de la emigración, sus actuales representantes parecen un tanto escépticos: «es fácil destruír un empleo industrial, pero muy complicado crear otro nuevo y, en lo que respecta al turismo rural o los servicios, para una zona como ésta no dejan de ser un complemento comparado con tiempos anteriores a la minería, que es de lo que siempre se había vivido». El Museo de la Minería, por ejemplo, es una inversión con miles de millones de las viejas pesetas, pero sin empleos directos. «Nunca hubo en el valle una gran euforia por las indemnizaciones cuando se cerró la mina, aunque ahora algunos digan todo lo contrario» «Es fácil destruir un empleo o una industria, pero muy difícil y complicado crear otro nuevo» FRANCISCO GARCÍA , alcalde de Sabero