El chupa-chup y la fregona han creado desde los años 50 más de 4.000 empleos
El sueño de todo inventor, que según el presidente de la asociación leonesa Mariano Caballero, no se cumple casi nunca, por lo menos desde los años cincuenta, es encontrar patentes tan simples como las del chupa-chups y la fregona, ambos basados en un simple palo. Para el primero al confitero catalán Enric Bernat se le ocurrió ponerle un palillo a los caramelos, como si fuera un tenedor, para que los chavales no se mancharan con gran alivio para las madres de la época. El palillo de madera ha sido sustituído ahora por otro de plástico, pero Chupa Chups SA facturó el año pasado casi 500 millones de euros (el equivalente a 75.000 millones de pesetas), la mayor parte en los mercados internacionales y con una plantilla de 1.900 empleados. Algo similar le sucedió a los zaragozanos Emilio Bellvis y Manuel Jalón, empleado y piloto de la base aérea de Valenzuela, respectivamente, a los que se les ocurrió ponerle otro palo a las fregonas que los operarios del aeropuerto tenían que utilizar de rodillas: una escoba redonda y mojada y un cubo con embudo para escurrirla han generado igualmente negocios multimillonarios y el invento, con el número 74.587 en el Registro de la Propiedad Industrial, no ha sido superado todavía ni en el primer ni en el tercer mundo, convirtiéndose en el símbolo por antonomasia del que los movimientos feministas querrían desembarazarse y los hombres ni ver de lejos.