La CNE justifica sus exigencias en que debe velar por los consumidores españoles
Fachada de la sede central de la empresa energética alemana E.On en Dusseldorf
La presidenta de la Comisión Nacional de la Energía, Maite Costa, defiende que las condiciones impuestas no responden a ningún pacto del Gobierno español con el germano, ni al temor a la vigilancia de la Comisión Europea sino a las obligaciones del regulador de evitar riesgos que afecten a la calidad del suministro eléctrico a los consumidores españoles y de velar por el control de unos activos energéticos -nucleares, usuarios de carbón nacional- considerados estratégicos. Por eso, y en aplicación de las competencias ampliadas que le concedió el Ejecutivo, la CNE ha impuesto al gigante germano unos requerimientos calcados de los que demandó a Gas Natural, pero también otros específicos, como la venta de una nuclear y varias térmicas, y la cesión de la gestión en el resto de las nucleares de las que es propietaria en parte. Además, el Gobierno se ha propuesto no perder de vista la trayectoria de una Endesa en manos alemanas. Una futura Endesa-E. On tendría que rendir cuentas del cumplimiento de los planes de inversión en actividades reguladas o activos estratégicos durante diez años, prorrogable por otros cinco; tendría que someter eventuales desinversiones a la decisión del Ejecutivo y su grupo habría de garantizar que no desvía recursos a otros países en situaciones de escasez o desabastecimiento. Endesa está un paso más cerca de cambiar de dueño. La alemana E. On podrá entrar en la puja por la primera eléctrica española -a cuya propiedad aspira Gas Natural- si acepta desprenderse de una nuclear (Ascó I), cede la gestión de otros grupos térmicos de esa misma tecnología, vende las generadoras que queman carbón nacional, respeta la entidad jurídica de la sociedad y se somete a una especie de «acción de oro» que deja en manos del Gobierno español la decisión final sobre estrategias de la compañía durante al menos una década. Si, como parece más probable, las acepta, las dos «opas» competidoras de Gas Natural y E.On sobre Endesa ya tienen los permisos administrativos necesarios para acudir al mercado, aunque el proceso sigue trabado por procedimientos judiciales. Desprenderse de Endesa La Comisión Nacional de la Energía (CNE) podrá obligar a E.On a vender Endesa si durante los próximos diez años un tercero compra, directa o indirectamente, más del 50 por ciento del grupo energético alemán, según el acuerdo del Consejo de Administración del organismo regulador. La CNE, que ayer remitió a la Comisión Nacional del Mercado de Valores (CNMV) el texto del acuerdo, se reserva así la potestad para pronunciarse de nuevo sobre la operación, «atendiendo a la existencia de motivos fundados para entender que tal cambio de titularidad pueda afectar negativamente el interés general en el sector energético». Además, E.On deberá mantener a Endesa tal como está en la actualidad y no podrá fusionarse con la eléctrica durante un plazo de diez años desde la toma de control efectiva la empresa. La empresa que dirige Wulf Bernotat no podrá eliminar sociedades del grupo Endesa ni reorganizar el su estructura empresarial. La CNE decidió ayer autorizar la opa de E.On sobre Endesa, pero condiciona su toma de control al cumplimiento de diecinueve requisitos relativos a desinversiones en generación equivalentes a 7.000 megavatios, un 30% del total de la potencia actual de Endesa en España, y los mencionados más arriba. El grupo alemán deberá vender la central nuclear de Ascó I, íntegramente de su propiedad, y ceder la gestión ordinaria del resto de nucleares en las que participa junto a otros socios: Santa María de Garoña, Almaraz I y II, Ascó II, Vandellós II y Trillo. También tendrá que deshacerse de los activos de generación y distribución eléctrica de Endesa en los sistemas insulares (Baleares y Canarias) y extrapeninsulares (Ceuta y Melilla) y enajenar las centrales incluidas en el Plan del Carbón 2006-2012: Compostilla (León), Andorra (Teruel) y Anllares (León).