| Análisis | Entre el frío y el calor |
Los ingresos crecen un 15% en el invierno Julio, agosto y septiembre son los meses con menos mortalidad en la provincia Las enfermedades respiratorias son las más influenciadas por la temperatura ¿Cómo influye la temperatura?
Las estancias hospitalarias aumentan durante la temporada invernal en la provincia una media de un 15% debido a la influencia de los procesos respiratorios en el cómputo general de patologías. La estacionalidad de algunas patologías, neumonía o gripe, que agravan el estado general de pacientes con enfermedades crónicas explica este fenómeno que es especialmente visible en el Hospital Monte San Isidro. Hasta el 50% en verano Este centro dispone únicamente de tres servicios: Neumología, Medicina Interna y Paliativos. En el caso del primero la ocupación lleva a bajar hasta el 50% durante el verano y se acerca al 90% en los meses de final de otoño e invierno, según los datos que maneja la dirección del centro sanitario. El registro medio de las temperaturas en León explica porqué los meses de verano son los de menor mortalidad en la provincia. Los expertos coinciden en señalar que los días de menor mortalidad son aquellos en que la temperatura máxima ronda los 20 o 25 grados y que es a partir de 37 grados cuando se produce un incremento del número de muertes. La temperatura máxima histórica de León se sitúa en 38,2 grados registrados en el observatorio de La Virgen del Camino en agosto de 1987, único mes con una máxima absoluta por encima de esa cifra crítica para la salud. La temperatura media de las máximas más altas, con el registro realizado desde 1947, se sitúa en agosto de 1949 con una media de 30 grados. León está, pues, dentro de las medias idóneas para una baja mortalidad entre los meses de abril y octubre. Y, tradicionalmente, julio, agosto y septiembre son los meses de una menor mortalidad en León con registros que suponen una reducción de hasta un quinto respecto a la media mensual del año. En los últimos diez años únicamente se percibe una inflexión, con el mantenimiento de las cifras de mortalidad, en los meses de verano de 2003 en los que se produjo una ola de calor en todo el territorio nacional que mantuvo la media de las temperaturas 1,5 grados más alta que en otros años. Además, se produjo el fenómeno de las llamadas noches tropicales con temperaturas mínimas que no bajaban de los 20 grados. A modo de ejemplo, el pasado año se produjeron en León 5.617 muertes lo que supone una media mensual de 468 muertes. En agosto, según los datos del Instituto Nacional de Estadística murieron 445 personas y en julio, el mes con menor letalidad, se contabilizaron 374 defunciones. Enero, febrero y marzo fueron los meses con un peor índice demográfico. Los expertos coinciden en señalar que la relación entre la temperatura ambiental y la mortalidad adopta una forma en V, con las tasas de mortalidad más bajas en días en que las temperaturas medias se sitúan alrededor de 16 a 28 grados centígrados, dependiendo de la zona estudiada. No obstante, la influencia no es inmediata ya que, aseguran, existe un efecto retardado. Las altas temperaturas empiezan a tener influencia en la mortalidad a partir de tres días consecutivos mientras que las bajas temperaturas comienzan a incidir en la salud a partir de diez días. Instituto Valencia de Salud El informe elaborado por el Instituto Valenciano de Salud Pública recalca que el incremento de las muertes se produce, fundamentalmente, por la evolución de patologías crónicas ya avanzadas en el caso del frío y por colapsos y sobreesfuerzos en el caso del calor. Las víctimas en ambos casos son ancianos o personas que, por sus patologías, tienen un mal estado de salud. Los estudios reflejan que no hay datos concluyentes para determinar si la temperatura o las condiciones climatológicas en registros extremos actúan de forma diferente en hombres y mujeres. Ingresos hospitalarios Los ingresos hospitalarios por causas respiratorias, recalca un estudio del Centro de Salud Pública de Madrid, están asociados «al descenso de la temperatura ambiental mientras que los ingresos por causas circulatorias se ven afectados fundamentalmente por el calor, aunque también por el frío, en personas que superan la edad de los 65 años». La temperatura ambiente tiene un efecto vasoconstrictor en las coronarias por activación de los receptores del frío de las membranas mucosas del tracto respiratorio, el aumento de la agregación de las plaquetas durante las infecciones virales, el aumento de la demanda de oxígeno y la reducción de la eficacia cardíaca. Además supone un incremento de la hipertensión lo que podría provocar daño vascular. El incremento de la tensión arterial y el aumento de la agregación plasmática son los dos mecanismos más factibles que explicarían el papel del frío como principal factor de riesgo de muerte por enfermedad cardiovascular. En el caso de las enfermedades respiratorias, la mortalidad más elevada se asocia al impacto de algunas enfermedades infecciosas como la gripe o la neumonía, con unas tasas de incidencia más alta en los meses de invierno, y de otro al agravamiento de los enfermos con obstrucción pulmonar crónica por vasoconstricción. En cuanto al calor, los síndromes más frecuentes son el agotamiento y el golpe de calor. Afectan fundamentalmente a ancianos y, en particular, a aquellos con enfermedades mentales o alcoholismo, los que toman antipsicóticos y los que viven en lugares mal ventilados. En ambos casos, de frío y calor, las malas condiciones de la vivienda son un factor agravante.