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«La emigración subió al país, mandábamos todo el dinero»

José Carrera y Antonia Valle, oriundos de Forna, trabajaron en Holanda casi 40 años para que sus hijas pudieran estudiar y ahora disfrutan de su jubilación en Veguellina de Órbigo

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A. Gaitero - veguellina de órbigo
León

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José Carrera y su esposa Antonia Valle dejaron Forna en los años 60, como la mayoría de los vecinos de este pueblo de La Cabrera Baja, y se fueron a la entonces lejana Europa en busca de un futuro para sus hijas, pero sin ellas. El primero en partir fue José, quien, antes de encontrar trabajo y acomodo en Holanda, pasó por Bélgica y por Suiza y siempre cruzó las fronteras como turista, pues «si ibas por la inmigración oficial, lo mismo te tocaba que no», explica. Pero «enseguida tuve trabajo». Eran otros tiempos. «Nunca había sentido hablar a un holandés y creí que en la vida lo iba a aprender», cuenta José al recordar sus temores iniciales en Amsterfin, la ciudad pegada a Amsterdam en la que recaló y encontró trabajo como dependiente, ayudante de cocina y camarero. Sin embargo, «a los 18 meses pude defenderme» y su jefe le dejó prácticamente solo al frente del ultramarinos en el que despachaba bocadillos, pollos asados y otros productos, de la mañana a la noche. Cinco años le costó conseguir la reagrupación familiar para que su esposa, Antonia Valle, pudiera reunirse con él, mientras las hijas quedaban internas en un colegio de Astorga. «Nosotros casi no sabíamos ni nuestro idioma . Nacimos en la peor época, la posguerra, había que trabajar y no se podía ir a la escuela, y queríamos que nuestras hijas pudieran al menos estudiar, pero hubo ratos muy difíciles sabiendo que tienes a dos hijas a esa distancia», reconoce el matrimonio. Al fin, los años de sacrificio tuvieron su recompensa. Cuando decidieron regresar, ya ambos jubilados, «tuvimos que arreglar más papeles que cuando fuimos», comenta José. El terreno y la casa que levantaron poco a poco les esperaba, junto a una de sus hijas en Veguellina de Órbigo. Ahora hay una pequeña colonia de Forna en la localidad ribereña, más cálida y cercana a la ciudad y con transporte regular que da más seguridad a los emigrantes jubilados. «La emigración a España la subió arriba pues la mayoría de los que marchamos todo lo que ganábamos lo mandábamos aquí», agrega el hombre. Nunca fue discriminado y le ofrecieron la nacionalidad holandesa pero «preferimos retornar». Desde su larga experiencia, contempla el problema migratorio español actual con cautela: «Yo creo que todo el mundo que tenga trabajo puede estar aquí, pero lo que no veo bien es que vengan tantos sin papeles. Es un problema», reflexiona José.

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