El Ejecutivo confía que la banda terrorista anuncie en breve el abandono definitivo de las armas

El Gobierno espera que Batasuna y ETA muevan pieza para negociar

Socialistas vascos y abertzales siguen manteniendo reuniones secretas para superar la crisis

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Enrique Clemente - madrid
León

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Largo, duro y difícil. Respeto a la ley, a las víctimas y ausencia absoluta de violencia. Estas son las letanías que repiten un día sí y otro también José Luis Rodríguez Zapatero y María Teresa Fernández de la Vega cuando se les pregunta por el llamado proceso de paz. Pero, ¿qué se esconde detrás de esas palabras? ¿En qué punto se encuentran los contactos entre el Gobierno y ETA? Como ya reveló La Voz el 21 de enero del 2005, el gran cerebro del actual proceso de paz es Jesús Eguiguren, el discreto presidente del PSE. Su texto Bases para una arreglo, publicado en el 2003, contiene la hoja de ruta de las negociaciones que están a punto de comenzar. Años antes, incluso mientras ETA asesinaba, ya había habido contactos entre los socialistas vascos y la izquierda abertzale, por otra parte habituales en el País Vasco, sin ningún resultado. Pero ese documento en el que Eguiguren planteaba ya la constitución de dos mesas iba a ser la clave del proceso. Una mesa en la que todos los partidos -incluida Batasuna- discutirían sin límites, incluso de la autodeterminación y de Navarra. Otra en la que ETA y el Gobierno fijarían exclusivamente los términos de la fórmula «armas por presos». La tesis Eguiguren El propio Arnaldo Otegi aseguró en abril del 2004 que estaba más cerca de las tesis de Eguiguren que del propio Plan Ibarretxe. En noviembre, el líder de Batasuna daba a conocer la llamada alternativa de Anoeta, que explicitaba la propuesta de las dos mesas. Ambos dirigentes, junto con Pernando Barrena, Rafael Díez Usabiaga -por Batasuna- y Francisco Ejea y José Antonio Pastor -por el PSE- mantuvieron encuentros periódicos sobre esas bases en el caserío Txillare de la localidad de Elgoibar. En junio del 2005 Eguiguren se reunía con Josu Ternera, el jefe de ETA, en Ginebra, una cita a la que éste acudía con el libro del socialista bajo el brazo. Ambos se reunieron varias veces, al menos cuatro, a lo largo del 2005, en la ciudad suiza y en Oslo. Las conversaciones dieron como fruto el alto el fuego permanente el 24 de marzo del 2006. El 29 de junio Zapatero anunciaba que el Gobierno iba a iniciar un diálogo con ETA. Pero no ha sido así. ¿Por qué? Fuentes conocedoras del proceso aseguran que éste se encuentra en una pausa y en un momento crucial. El Gobierno ha exigido a la banda en los contactos indirectos que han mantenido el cese absoluto de la violencia callejera y un gesto de Batasuna de aceptación de las reglas de juego democrático que haría posible su legalización, incluso sin una condena expresa de la violencia. En ese contexto el Ejecutivo confía en que ETA dé un «paso definitivo» en el que anuncie el abandono de las armas y su renuncia para siempre de la violencia. Un escenario que se considera posible, pues ya se ha tanteado con Josu Ternera, pero ni mucho menos seguro, pues contaría con la oposición de un sector de ETA, según las mismas fuentes.. Por un lado, representantes del PSE, el PNV y Batasuna han seguido manteniendo reuniones secretas para superar la crisis. Por otro, han proseguido los «contactos indirectos» entre enviados oficiosos del Gobierno y ETA. A través de esas dos vías se habría llegado a un preacuerdo para reconocer el «derecho a decidir» de los vascos, una fórmula lo suficientemente ambigua que serviría tanto para reconocer el derecho de autodeterminación exigido por los nacionalistas como para incluirlo en una reforma del Estatuto, que es lo que prefieren los socialistas. Asimismo, se crearía una eurorregión en la que se incluirían el País Vasco, Navarra y las tres provincias vasco francesas. Cuestiones que se debatirían en la mesa de partidos una vez que ETA diera el paso definitivo que espera el Gobierno.

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