Poeta

«El pensamiento poético es musical»

Gamoneda asegura que ha llegado a los 75 años sin tomarse el trabajo de guardar ningún rencor

León

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Marcado profundamente por una guerra que lastró su infancia, la muerte ha estado siempre presente en su vida y en su poesía. ¿Acaso hay algo más esencial para el hombre? A sus 75 años Antonio Gamoneda, con seguridad, ha recibido la noticia del Premio Cervantes haciendo gala de su habitual escepticismo. Se había acostumbrado a ser un eterno finalista. Esta entrevista es un compendio de las dos últimas realizadas a lo largo de este año por este periódico al poeta leonés. -¿Ha llegado a los 75 años sin ningún rencor? -Sí, es un trabajo que no me he tomado. -¿Los poetas son los que mejor prosa escriben? -No hay ninguna razón. Es posible que escriban buena prosa, pero no conozco a ningún poeta que escriba prosa a la altura de los grandes. -¿Por qué la muerte le ha obsesionado siempre? -Me acompañó desde que empecé a tener conciencia, con la desaparición de mi padre y la Guerra Civil. -¿Le debe algo a la religión? -No creo. -¿A su nieta le lee poemas? -No; al menos, no míos. Es posible que le haya leído alguno de Lorca, por ejemplo. -¿Qué ve cuando vuelve la vista atrás? -Cansancio, trabajo y tiempo perdido. También, algunas cosas importantes y buenas. -¿Qué le ha perdonado a la vida? -Que quizá me hiciera entrar en la vía del trabajo duro muy pronto, pero eso se convirtió en una experiencia positiva. -¿Por qué la fama le ha traído siempre sin cuidado? -No sé lo que es y lo que alcanzo a ver no me encandila demasiado ni me produce deseos. Es algo secundario. -¿Cuánta piel se ha dejado en los libros de poesía? -Bastante, porque ese ha sido el trabajo más duro y también el más feliz que hay en mi vida. Se habrá quedado un buen porcentaje de corazón. -¿Recuerda el primer poema que leyó y qué edad tenía? -Leía poco menos que deletreando y tenía cinco años. -¿Y el poema? -Era de mi padre. -¿Qué queda de aquel niño-contable que ganaba 89 pesetas? -Sí, efectivamente, ese fue el primer sueldo que gané. Es una de las cosas que le he perdonado a la vida. -¿Y queda algo de aquel niño? -Sí, queda algo, pero no estoy muy seguro de lo que es. Yo tengo un buen recuerdo de aquel chico. -¿A la guerra le debemos que su poesía fuera tan rebelde en un principio? -A la guerra no se le debe nada; en todo caso, tiene la culpa de que mi poesía haya sido áspera. -¿Le gustó la versión que hizo Loquillo de su «Blues castellano»? -¡Qué horror! -¿Conserva el miedo de haber sido un niño de la guerra? -Sí, pero transformado en otro tipo de miedo. La guerra me impregnó de las toxinas del miedo desde muy temprano. -Y ahora, ¿qué le da miedo? -Morir de mala manera, a destiempo y sin haber hecho cosas que me quedan por hacer. -Hubo una época en la que le tacharon de ser un escritor rojo de provincias... -Ahora ya no tiene razón de ser. -¿Cuántas veces reescribe cada poema? -No sé. Algunos, hasta una docena de veces; otros, han salido de la primera mano, pero muy pocos. -¿La poesía debe sonar siempre a música? -No se trata, exactamente, de sonar, sino de ser música. El pensamiento poético es musical en su origen. -Siempre ha tenido grandes amigos en el mundo intelectual y además le etiquetan de poeta culto. -Culto, no; de culto, que es una clasificación para el que no es famoso pero tiene una pequeña parroquia fervorosa. -¿Maneja el ordenador? -Ni bien ni mal, como una máquina de escribir. -¿Asistimos a un empobrecimiento del idioma? -Ciertamente; sobre todo, en la juventud. -¿Ve la televisión? -Sí, es un descanso que suele estropearlo la propia televisión con sus estupideces y crueldades. -¿Sólo escucha jazz o le gustan otras músicas? -Me gusta el jazz, pero estoy interesado en la música desde sus orígenes. -En alguna ocasión ha dicho que no tenía claro si era surrealista... -Sigo opinando que no lo tengo claro, pero me inclino a pensar que no soy surrealista. -¿Y cuál es hoy la respuesta social que puede obtener la poesía? -La respuesta es mínima porque existen muchos elementos muy tecnificados. La poesía queda reducida a una parroquia muy pequeña, pero muy fervorosa. Y no está mal que sea así, porque si no, tendrá que entrar en el mundo del mercado y ya no sería una actividad libre. -¿Pero debe resignarse la poesía a las minorías? -Pero no es resignarse. Es que entre las mayorías y la libertad, yo elijo la libertad. -¿Y ya no puede ser de otra manera? -La poesía tuvo momentos muy largos, hasta la aparición de la tipografía, en que era un elemento mediático. Pero la tipografía cambia el panorama y la poesía deja de ser información para ser revelación. No se trata de una revelación trascendente de los que creen en algo, sino de la revelación del lenguaje. -¿Cuál sería su uso? -No es un uso, es una utilidad. La poesía, incluso aquella basada en el sufrimiento, tiene en su formulación un componente de procurar placer y de ofrecer comprensión para aquellas cosas que están fuera de la comprensión convencional. -Pero quizá se ha intelectualizado demasiado. -No me siento incómodo ante esa situación. Los medios de comunicación se han sofisiticado mucho y, en muchos sentidos, la actividad poética dice cosas que sólo tienen sentido desde la poesía, pero que son realidades intelectuales.

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