Diario de León

Los vínculos con la banda armada

La atribución inicial de la autoría a ETA carecía de fundamento

La investigación judicia apuntó desde el primer momento a grupos islamistas

Publicado por
Julio Á. Fariñas - redacción
León

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Cuando los españoles empezaron a vislumbrar que las imágenes de los trenes destrozados no eran una ficción televisiva, sino el reflejo de la cruda realidad de lo ocurrido aquella trágica mañana del 11 de marzo del 2004 en Madrid, se encontraron con las comparecencias de los altos cargos del Ministerio del Interior y del propio presidente del Gobierno en las que, cada vez con más rotundidad, atribuían la autoría del atentado a la or-ganización terrorista ETA. Pero no todo el mundo lo veía tan claro. Un veterano comisario muy curtido en la investigación de la delincuencia organizada y, especialmente del terrorismo etarra, al que le tocó muy de cerca el atentado, pero ya desde fuera de la policía, tenía sus dudas. -¿Cómo lo ves? -Esto huele a moro que apesta. Esta premonitoria conversación telefónica tuvo lugar al día siguiente del atentado, cuando oficialmente se le atribuía a ETA. No le fallaba la intuición. Aunque nuestro interlocutor en ese momento no lo sabía, a las diez y media de la mañana del día 11 ya había sido localizada la furgoneta utilizada por los terroristas para desplazarse hasta Alcalá de Henares, donde subieron a los trenes. Horas más tarde, concretamente en la madrugada del día 12, apareció la mochila que no explotó y que dio la pista de los teléfonos. Al día siguiente eran detenidos, entre otros, Jamal Zougam, quien regentaba el locutorio de Lavapiés de donde habían salido las tarjetas que fueron clave en el desarrollo de la investigación. El pasado abril, tras 25 meses de instrucción, el juez Juan del Olmo hacía público un auto de procesamiento de casi 1.500 folios en el que dejaba constancia de la nula consistencia de las escasas referencias a ETA que salieron a relucir en la investigación. En la misma línea va el escrito de acusación de la fiscalía que dedica un apartado específico a este tema. En él se afirma que «las investigaciones practicadas por las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado durante las semanas siguientes a los atentados consolidaron la atribución de los mismos a una célula terrorista islamista y permitieron descartar definitivamente cualquier relación con otras organizaciones terroristas». Las afirmaciones de la fiscalía se amparan en los informes elaborados por la Unidad Central de Inteligencia de la Policía y los servicios de in-formación de la Guardia Civil, que coinciden en concluir que «no existía ningún tipo de vinculación, relación o contactos -operativos o no- entre ETA y los islamistas». Direcciones de presos Sobre el hecho de que en poder de los imputados en el sumario de la operación Nova se encontraran direcciones de varios presos de ETA, los citados informes aseguran que las investigaciones realizadas permiten afirmar que no ha existido una relación de correspondencia entre ambos grupos. En cuanto el hecho de que en las celdas de algunos presos islamistas en las cárceles de Zaragoza y Córdoba hayan aparecido ejemplares de los diarios Gara y Berria , próxi-mos a ETA, aclaran que «los usaban como manteles». Uno de los pocos elementos que sustentan la teoría de la conspiración es que el coche utilizado por ETA en el atentado contra un aparcamiento de Santander en el año 2002 hubiese sido robado en Avilés, en la calle donde tenía su garaje y almacén de explosivos Suárez Trashorras. Sobre este punto, la fiscalía en sus conclusiones aclara que los análisis realizados a los explosivos utilizados en aquel atentado y los del 11-M no han puesto de manifiesto la existencia de ningún elemento en común. Quien no tenga todavía las cosas claras sobre la relación de ETA con los islamistas y tampoco considere suficiente el desmentido oficial realizado el 12 de marzo por la propia banda terrorista en llamadas efectuadas al diario Gara y la televisión vasca ETB, tendrá la oportunidad de escuchar como testigos en el juicio que comienza mañana a los etarras Henri Parot, Gorka Vidal e Izkur Badillo. De momento, el único dato concreto que justifica la petición de la defensa de Jamal Zougam, El Chino , es que en un registro efectuado en la cárcel a Abdelkrim Bensmail, miembro del GIA detenido en la operación Nova, apareció una nota manuscrita con la dirección de Parot y otro etarra en la cárcel del Sevilla. Sin embargo, Garzón, instruc-tor de la operación Nova, con una acreditada experiencia en la investigación de terrorismo etarra e islamista, descarta la relación de ETA con el 11-M y se atreve a «poner la mano en el fuego», según declaró públicamente hace una semana.

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