El juez pide una segunda autopsia del parricida de Toledo por si consumió alguna droga
Amigos del hijo del parricida meten en la iglesia los cuatro féretros
Los mil habitantes de El Real de San Vicente (Toledo) acudieron este lunes al funeral y posterior entierro de las cuatro víctimas del parricidio ocurrido el pasado fin de semana en esta localidad. El autor de los hechos, Gregorio Ramos, de 59 años, que se suicidó tras matar a hachazos a su madre, su esposa y su hijo mayor, recibió sepultura junto a sus tres víctimas a las que «quería con locura», según comentó durante el entierro uno de los vecinos que conocía a Gregorio desde hace muchos años y que, al igual que sus vecinos, nunca pensó que este antiguo conductor de autobuses acabaría sus días llevándose consigo a los seres que más amaba. La iglesia parroquial de Santa Catalina, un templo barroco del siglo XVIII, acogió el funeral que fue oficiado por el arzobispo de Toledo, el cardenal Antonio Cañizares, y por el párroco del pueblo, Felipe García Díaz-Guerra. La ceremonia comenzó una hora y media más tarde de lo previsto porque el Juzgado de Instrucción número 4 de Talavera de la Reina (Toledo) que instruye el caso -sobre el cual no ha levantado el secreto de sumario- mandó realizar una segunda autopsia al cadáver de Gregorio. El juez quiere comprobar si el parricida había tomado alguna sustancia que hubiera alterado su conducta antes de matar a sus tres familiares y desplazarse hasta Talavera, donde atacó a sus dos hijas y se arrojó después al vacío desde el noveno piso que las dos jóvenes compartían en esta ciudad. Los cuatro coches fúnebres llegaron a las puertas de la iglesia con dos coronas de flores en cada uno de ellos. Fuera del templo, ya abarrotado, esperaron los féretros decenas de vecinos. El paso de la comitiva por el pueblo provocó numerosos llantos y algunos desmayos.