Sólo seis años para dejar de ser referente y convertirse en uno más del montón
A principios del año 2000, la empresa tenía una plantilla de seiscientos trabajadores, que ha ido disminuyendo hasta los casi 300 actuales, debido a los despidos, prejubilaciones y acuerdos entre las partes. Las pérdidas acumuladas ya presagiab
Vista exterior de la factoría química de Vitatene
La historia reciente de Antibióticos y también la de Vitatene, que nació como salvavidas del «buque insignia» de León, es la de una compañía que al tropezar dos veces con la misma piedra debía de ser ahora más fuerte. Pero no, es más débil, por lo menos en lo que se refiere a capital humano. A principios del año 2000, la empresa matriz contaba con 630 trabajadores dentro de su plantilla, pero ya acumulaba pérdidas que avisaban de una pujanza económica venida a menos. En enero de ese mismo año, Montedison, propietaria de Antibióticos, anunciaba sus planes para reducir costes. Una hoja de ruta que implicaba, en principio, la supresión de trescientos empleos para ahorrar así 1.192 millones de las antiguas pesetas en gasto de personal. La medida caló hondo en la conciencia social leonesa y 16.000 personas salieron a las calles, de la mano de una huelga de veinticuatro horas, para clamar por la supervivencia de una empresa que tantos réditos dejó en la capital y por la que tantas personas dejaron sus años. Tras un tira y afloja llegó el mes de mayo y con él un referéndum en el que más de la mitad de los trabajadores de Antibióticos -el 66%- aceptó un acuerdo por el que se rebajaba el capital humano en 196 personas. De ellos, ninguno sería despedido, ya que 103 pasarían a situación de prejubilación; 26 se acogerían a las bajas incentivadas voluntarias; cincuenta se quedarían en el paro, pero sólo hasta que estuviera en funcionamiento Vitatene, y el resto, según el compromiso, se recolocarían en otras empresas de la multinacional italiana, además de percibir una indemnización. Así las cosas, quedaban ya 425 personas en Antibióticos. La siguiente vuelta de tuerca, ya en diciembre del 2001, apareció cuando se puso sobre la mesa un Expediente de Regulación de Empleo que afectaba a 26 operarios, para los que preveían nuevas funciones en Vitatene. De los damnificados, 22 personas estaban en situación de paro y otros cuatro se encontraban empleados en la planta de disolventes de Antibióticos. Poco después, en diciembre del 2002, volvieron a presentar una reducción de personal que supuso la prejubilación de dieciséis empleados fijos, que en el 2003 tenían ya 54 años o más. Una actuación que no aparejó conflicto al ser aceptada por el comité de empresa, que avisó de que no aceptarían ningún expediente de regulación más. El tiempo siguió su curso y el «buque insignia» de León navegaba hacia la deriva sin que el capitán izara las velas para reconducir una situación que, con tiento, adquiría tintes dramáticos, por el volumen de gente que aún dependía de un sueldo que colgaba de un hilo. Nuevo propietario Las pérdidas aparecían sin ningún disimulo cuando el grupo Montedison naufraga y pasa a ser Edison, que vende Antibióticos a Sir Fidia; con esta medida la esperanza nacía al compás de declaraciones grandilocuentes que prometían un plan de inversiones y una diversificación de la producción que invitaba a pensar que el futuro era garante del arraigo, por muchos años, de la compañía de la Penicilina. Así hasta finales del 2004, cuando la empresa volvió a plantear una regulación que no se hizo efectiva hasta el 2005, momento en el que 113 personas dejaron de prestar sus servicios en Antibióticos. Con todos estos movimientos, la plantilla quedó diezmada hasta las trescientas personas que la conforman hoy -270 fijos y treinta eventuales-. A los que hay que restar otros treinta y siete empleados de Vitatene, que estarán suspendidos de empleo y sueldo durante 66 días. La última página de esta historia aún está por escribir.