La mayoría son trabajadores que buscan una segunda oportunidad tras suspender el bachillerato en edades juveniles
Un centenar de universitarios leoneses acaban la carrera después de los 35 años

Cada año se presentan a las pruebas universitarias de selectividad un millar y medio de alumnos
Uno de cada treinta alumnos que estrenan pupitre cada año en las aulas universitarias de León llega ya a ellas con edad sobrada para haberse licenciado: son los del programa de acceso para mayores de 25 años, aunque la media los sobrepase ampliamente y muchos llegan ya, incluso, a las puertas de la prejubilación. Su número apenas sobrepasa el medio centenar al año sobre un total de millar y medio de jovenzuelos, pero no pasan desapercibidos en las aulas, aparte de calvicies y canas, por su voluntad de aprender a toda costa. Comparados con los chavales no pueden perder el tiempo, que en la mayor parte de los casos tiene que compaginarse con el trabajo, de forma que para ellos estudiar son horas extras a mayores. Según el vicerrector de Ordenación Académica, Manuel Iglesias, durante el último quinquenio el número de adultos mayores de 25 años que se apuntan a estudiar en la Universidad se ha estancado en torno a medio centenar cada curso, ún número que apenas representa una gota de agua en el mar de matriculaciones de cada septiembre. Las pruebas de acceso deben realizarse en mayo, el día 11, y el plazo de matrícula no se ha abierto este año todavía, aunque se supone que tampoco habrá colas. El fondo de alumnos veteranos es un residuo a los que la universidad presta poca atención y que trata igual que a cualquier colectivo juvenil, aunque en su caso se les reconozca una mayor motivación para aprobar. Llegan tarde en años al aula, disponen de las pocas horas que les dejan libres el trabajo y las obligaciones familiares y tienen que competir con generaciones más jóvenes a las que lo que les sobran son facilidades. Según Iglesias, la proporción de uno a treinta entre el alumnado universitario convencional y el veterano es similar en toda España, lo mismo que las motivaciones de uno y otro. El primero sigue una senda cómoda y natural para acceder a estudios superiores y el segundo, en el mejor de los casos, intenta recuperar oportunidades perdidas tras dejar los estudios en locos años de juventud, más o menos lejanos. De acuerdo con las mismas fuentes, al 60% de los mayores que intentan ingresar en la Universidad cada año «hay que hacerles un certificado del éxamen», porque luego tienen que presentarlo en el trabajo. En cuanto a la dureza de las pruebas de acceso o de cada curso, se señala que no difieren respecto a otros alumnos ni hay ninguna benevolencia para con ellos «como no sea que presentan una mayor motivación que los demás, pero eso lo tiene que medir cada profesor, y no porque tengan más años». Carreras cortas La urgencia de obtener un título universitario es, entre los mayores de 25 años, inversamente proporcional a la edad, de manera que la mayoría de ellos optan por estudios de grado medio y que no requieran más de tres cursos. Así, los más demandados son los de Trabajo Social, Enfermería, Relaciones Laborales (graduado social) o Educación Infantil, todos ellos sucedáneos o abrebiaturas de titulaciones superiores de cinco años. No saltan, sin embargo, los que aspiran con el tiempo, paciencia y una caña a licenciarse en Veterinaria, Derecho o Biología, en general para hacer oposiciones. Carreras a más largo plazo como Medicina, Arquitectura o Ingeniería Industrial no cuentan, porque ni siquiera se imparten en León. Según Manuel Iglesias, las preferencias del alumnado veterano derivan mayoritariamente hacia lo que antes se conocía como carreras «de letras» y que ahora se abren en un amplio abanico de «sociales», frente a las que requieren una mayor dedicación desde las edades de bachiller, antes llamadas «técnicas» o de «ciencias». Entre unas y otras no hay ningún demérito, según el vicerrector de Ordenación Académica, pero marcan al final de la titulación no pocas distancias sociales de origen y de aspiraciones de futuro. De lo que se trata para los ya no tan jóvenes es de colgarse un título. CADA CURSO LA UNIVERSIDAD ACOGE A MEDIO CENTENAR DE NUEVOS ALUMNOS DE MÁS DE TREINTA AÑOS Jóvenes Adultos Las dos terceras partes del alumnado adulto son mujeres que buscan una segunda oporunidad de estudiar «A la mayoría cuando se examinan hay que darles certificados porque luego van a trabajar» MANUEL IGLESIAS , vicerrector de Ordenación Académica