Francisco Frutos afirma que algunos líderes de la federación quieren liquidar el partido
El PCE celebra los 30 años de su legalización con reproches a IU
El secretario general de los comunistas censura a Carrillo por renunciar a la República en 1977

Dolores Ibárruri volvió a España un mes después, el 13 de mayo
El Partido Comunista de España celebra mañana el trigésimo aniversario de su legalización como partido político convencido de la «plena vigencia» de su proyecto a pesar de que «España y el mundo han cambiado mucho» desde entonces. Tal y como recuerda el actual secretario general del PCE, Francisco Frutos, la legalización del partido, aquel Sábado Santo de 1977, con la mitad de los españoles de vacaciones o viendo procesiones, fue meramente «formal», ya que, en la práctica, el Partido Comunista llevaba trabajando desde hacía 40 años. «Cuando en la dictadura se hablaba del PCE se hablaba del 'partido' porque no había otro», subraya Frutos. Tras la muerte de Franco y apenas unos meses antes de la legalización, en enero de 1977, los comunistas habían demostrado su capacidad de movilización con la respuesta cívica a la matanza de los abogados de Atocha, perpetrada por un grupo de extrema derecha. No obstante, la legalización del PCE supuso la piedra de toque de aquella incipiente democracia liderada por el Rey Juan Carlos y el presidente Adolfo Suárez. Suárez defendió una política de integración de todas las fuerzas políticas y, para ello, se puso en contacto con los representantes de la oposición y apostó por la legalización del PCE de Santiago Carrillo, quien se vio obligado a entrar clandestinamente en España camuflado bajo su famosa peluca. Carrillo, que había sido detenido en Madrid el 22 de diciembre del 76 y puesto en libertad ocho días más tarde, ofreció su apoyo a Suárez y, ambos acordaron -tras arduas negociaciones- la legalización del PCE el 9 de abril, en plena Semana Santa, y un mes después de ser aprobada la amnistía para los presos políticos. Pese a todo, y de forma paradójica, la legalización del PCE supuso al mismo tiempo su declive político y electoral. La luchas entre «renovadores» y «prosoviéticos» y la debacle electoral de 1982 precipitó la caída del histórico secretario general Santiago Carrillo y la integración del PCE en una nueva formación, Izquierda Unida, en la que continúa, en medio de las crecientes diferencias internas y los constantes reproches mutuos. A pesar de que el proyecto comunista se encuentra en buena parte «diluido» en IU, su secretario general, Francisco Frutos, considera plenamente vigente el «grueso ideológico, político y moral» del PCE a la hora de afrontar problemas de todos los tiempos como las guerras o la pobreza en el mundo. Con la mirada puesta en aquel sábado rojo , en el que el PCE renunció a la reinstauración de la República en aras de una transición pacífica, Frutos no duda en censurar la decisión tomada por Carrillo. Entiende que en aquellos momentos el PCE debía ser «prudente», pero en su opinión, Carrillo tomó una decisión personal e innecesaria «con el pretexto y la excusa de que había rumor de sables y el peligro de un golpe de Estado». «Nosotros no vamos a convertirnos en monárquicos ni hoy ni mañana ni nunca», advirtió. Frutos critica a la actual dirección de IU, liderada por Gaspar Llamazares, y el «progresivo distanciamiento» con su partido. Para él, existen dirigentes de IU que se han formado en el PCE y que ahora quieren liquidarlo por «cuestiones personales». Sobre la actualidad española, el líder del PCE lamentó que la clase política «gaste el 80 por ciento de las energías en adivinar el sexo de España» o en hablar del problema del terrorismo, sin abordar los problemas reales que afectan a los ciudadanos.