Diario de León

Interpol alerta de la vulnerabilidad de la UE ante atentados «de bajo coste» como el de Madrid

Los terroristas sólo necesitaron 30 kilos de hachís y 10.000 euros para el 11-M La cuenta de gastos del terror

La investigación no ha encontrado indicios de que recibieran financiación del exterior

Interpol alerta de lo barato que resulta preparar una masacre en Europa

Interpol alerta de lo barato que resulta preparar una masacre en Europa

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Alfonso Torices - madrid
León

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La masacre del 11-M, el atentado más sangriento perpetrado en Europa desde la Segunda Guerra Mundial, está al alcance del bolsillo de cualquier grupo terrorista por modestos que sean sus recursos. Un documento interno de Interpol incorporado al sumario instruido en la Audiencia Nacional considera la matanza de Madrid como «una operación de bajo coste» que «pone de relieve la total vulnerabilidad de la Unión Europea (UE) a los potenciales ataques terroristas». Unos 30 kilos de hachís y menos de 10.000 euros en metálico fueron suficientes para planificar y ejecutar el asesinato de 191 personas, para tratar de volar un AVE con 800 pasajeros a bordo y para diseñar una cadena de nuevas matanzas, que sólo la eficacia policial logró abortar al cercar en Leganés, el 3 de abril del 2004, al núcleo central del comando islamista cuando preparaba otro atentado para el día siguiente. Años de investigación policial y los dos primeros meses de sesiones del juicio han desvelado que la célula islamista a la que se sospecha responsable del 11-M estaba formada por magrebíes con escasos recursos, sin apenas propiedades y con números rojos en sus cuentas corrientes, pese a lo cual no tuvo grandes dificultades para autofinanciarse. Nada en los 241 tomos de la causa prueba que los terroristas, en su mayoría peones de la construcción con trabajo ocasional y economía sumergida, contasen con ayuda económica exterior. La aparición de Jamal Ahmidán, el Chino , y de su grupo de delincuentes en el verano del 2003 fue clave para que Serhane Ben Fakhet, el Tunecino , pudiese poner en marcha los sanguinarios planes que, con su célula de radicales islamistas, maduraba desde febrero o marzo: perpetrar un atentado salvaje en Madrid como venganza por la implicación del Gobierno español en la invasión de Irak. Cuando en octubre Osama ben Laden lanzó el reto a sus acólitos y los líderes europeos de Al Qaida promovieron los atentados de Madrid, la célula española ya sabía como pagarlos. Los bajos fondos El Chino , un traficante de drogas que acababa de salir de una cárcel marroquí, donde fue encerrado por matar a un compatriota, movió sus contactos en los bajos fondos a lo largo del otoño y, según las acusaciones, cerró un pacto con el ex minero Emilio Suárez Trashorras en un establecimiento Mc Donalds de Madrid. Unos 30 kilos de hachís y un Toyota Corolla robado, con un valor total de entre 32.000 y 45.000 euros, se entregaron a cambio de algo más de 200 kilos de Goma 2 y de unos 260 detonadores. Los terroristas, gracias al tráfico de drogas, ya habían resuelto en enero del 2004 su mayor prioridad, el explosivo, y habían cubierto el mayor desembolso económico. El resto era más sencillo. La mayor parte del dinero salió entre enero y marzo del patrimonio de Jamal Ahmidán y de sus socios, los hermanos Oulad Akcha, que eran los que tenían las cuentas más saneadas; aunque en menor cantidad, también aportó recursos el Tunecino , que unos días antes de la masacre vació su libreta y vendió hasta su viejo Volkswagen Golf para poder aportar unos 1.000 euros. La Policía estima que la célula terrorista precisó para ejecutar los atentados un máximo de 54.000 euros y que, cuando fue desarticulada, tenía en reserva 51.795 más. El desglose de los gastos es el siguiente: Unos 210 kilos de Goma 2 y 260 detonadores. Trueque con unos 30 kilos de hachís. Valor de mercado de la droga: entre 31.875 y 45.000 euros. Alquiler de pisos francos: 8.022 euros. La finca de Chinchón costó 5.422 euros (2.500 por alquiler anual y 2.922 para reformas y adquisición de enseres). El piso de Leganés, 1.800 euros (alquiler, fianza y gastos). La vivienda de Albolote, 800 euros. Compra de tarjetas prepago y teléfonos: 1.250 euros. Adquisición de 100 tarjetas telefónicas, 650 euros (6,5 por cada unidad). Compra de al menos 10 móviles, 600 euros. Vehículos: cero euros. Los terroristas usaron al menos siete automóviles en los atentados, cuatro robados y tres propiedad de algunos miembros del grupo. Documentación falsa: cero euros. Alteración burda (simple cambio de foto) de documentos de familiares o conocidos. Armas de fuego: no se ha podido estimar precio. Tenían en su poder, al menos, dos subfusiles Sterling, una pistola Astra 300 y una pistola Star, además de diversa munición y un silenciador.

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