SIN SALIR DE LILLO DEL BIERZO
«Mientras yo pueda, no quiero que Francisco esté en una residencia»
Alvarina Buelta cambió la ayuda a domicilio por el programa de apoyo a familiares de grandes dependientes para cuidar mejor a su esposo, postrado por el parkinson
Alvarina y Francisco llevan casados más de medio siglo, juntos en la salud y en la enfermedad
Han pasado casi diez años desde que Francisco empezó a notar los primeros síntomas del parkison que ahora le tiene postrado en un sillón. «Todo se lo tengo que hacer yo, estoy para todo...», reconoce Alvarina, emocionada, como él, cuando recuerda la alegría y los buenos tiempos que vivieron en Lillo del Bierzo, él de carnicero y ella regentando un bar. Criaron cuatro hijos, todos varones. «Cuatro tesoros», asegura. Hasta hace dos años su marido salía de casa para ir a rehabilitación y algo paseaba. Pero ahora ya «sólo sale si le llevamos a comer un día por ahí -como cuando celebraron las bodas de oro, en noviembre- o al hospital». «Esto hay que vivirlo. Yo no sabía nada, pero con esta experiencia... A veces cuando me siento muy mal cojo un libro que me recomendó el neurólogo y me ayuda», confiesa. Convivir con la enfermedad de parkinson , se titula. La ayuda a domicilio era escasísima para sus necesidades. Tenía concedida la máxima ayuda, diez horas a la semana y tenías ervicio el sábado a costa de quitar un cuarto de hora de los otros días. Al ser admitida en el programa de de apoyo a familiares de grandes dependientes de la Diputación ha contratado a Victorina por 30 horas a la semana, ya que la subvención que recibe sólo puede ser usada en pagar a esta trabajadora. Ellos pagan una cuota mínima, 22 euros al mes. Nada sabe de la nueva Ley de la Dependencia, ni si a ella y a su marido les va a servir de algo. Se pregunta si ella podría ser candidata a cobrar la prestación familiar por estar a cargo de una persona con grave dependencia. «¿Cómo me van a dar de alta en la Seguridad Social si yo ya estoy jubilada?», apostilla. Tampoco sabe cómo se arreglará durante las vacaciones de Victorina, una mujer con la que está encantada. A menos de un kilómetro de su casa, en Fabero, avanzan las obras de una residencia para personas mayores y discapacitados que forma parte de la red de centros de la dependencia que financia el Gobierno. No en vano, Amparo Valcarce, secretaria de Estado de Servicios Sociales, Familias y Discapacidad es faberense y empezó su carrera política como concejala de su pueblo. Pero Alvarina, de 72 años, no piensa en una residencia para Francisco. «Mientras yo pueda... no quiero que mi marido esté en una residencia. Se ven muchas cosas y estoy más tranquila así; no es plato de gusto, pero el amor es otra cosa». Sabe que tiene que cuidarse, se lo ha dicho el médico. «Me dijo que no cogiera peso (tengo una lesión en el brazo y las rodillas desgastadas) pero le expliqué la situación y me insistió: tienes que organizarte, si tu caes tendrás que contratar a dos personas». «Me tengo que cuidar, pero no valgo para pasar... y a veces la moral está por el suelo». ATENCIÓN A LA DEPENDENCIA CON LA NUEVA LEY 2007: Grandes dependientes. 2008-09: dependencia severa. nivel 2. 2010-11: depedencia severa. Nivel 1. 2012-13: depedencia moderada. Nivel 2. 2014-15: dependencia moderada nivel 1.