Más vale prevenir que apagar
Podas a dos alturas, clareos para conseguir la densidad de árboles por hectárea adecuada, desbroces y demás técnicas selvícolas. Todo vale para evitar que el fuego gane la partida a los agentes medioambientales en los días de máximo riesgo de incendios, tal como se comprobó ayer en los talleres de defensa contra el fuego dirigidos a periodistas. Una labor de prevención fundamental para conservar los montes de Castilla y León en las mejores condiciones posibles, favorecer la actuación de las cuadrillas y disminuir el número de fuegos. Estas tareas se realizan durante todo el año y son compatibles con las extinción de incendios, ya que los agentes medioambientales que las realizan están preparados para cambiar el traje de protección que se utiliza en las podas por el ignífugo para apagar fuegos en cualquier momento. Las talas se realizan de modo convencional hasta dos metros de altura, con la que se persigue que las masas forestales no tengan continuidad y que el fuego, en el caso de haberlo, no se pueda propagar hasta las copas de los árboles y provocar un incendio de grandes consecuencias; y las talas en altura, que se llevan a cabo con sierras manuales y motosierras acopladas a pértigas, sirven además para señalar los árboles que no se talarán en los sucesivos clareos. Con este tipo de actuación, los agentes medioambientales pretenden conseguir montes con una densidad adecuada de árboles, entre 250 y 300 por hectárea, y que estas superficies forestales se regeneren de forma natural. Estos procesos se realizan de forma paulatina, cada cinco o seis años, y permiten también que el monte sea accesible para los agentes que se encargan de su gestión y protección. Los encargados de realizar estas tareas no dejan nada al azar, ya que en el mismo vehículo en el que transportan sus herramientas y los equipos de protección individual disponen de contenedores para guardar todo el material.