Diario de León

El hallazgo de unas notas fue lo que motivó la declaración del terrorista Henri Parot el martes

Un preso islamista niega que en la celda tuviese direcciones de etarras

Un terrorista admite que El Egipcio pidió a Alá que fuese clemente con los suicidas de Leganés

EFE /TVE

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Alfonso Torices - madrid
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Mourad Charabou, miembro del Grupo Islámico Combatiente Marroquí (GICM) encarcelado en Bélgica, admitió ayer ante el tribunal del 11-M que Rabei Osman el Egipcio , uno de los presuntos promotores de los atentados, le contó por teléfono la inmolación de los terroristas en Leganés y que ambos pidieron a Alá que fuese «clemente» con ellos. El testigo, que declaró a través de videoconferencia, fue detenido en junio del 2004 en Bruselas, en una redada contra la dirección europea del GICM, y el año pasado fue condenado por pertenencia a banda armada. El islamista reconoció que es amigo del Egipcio desde el 2001 y confirmó que ambos hablaron tres veces por teléfono entre abril y mayo del 2004, conversaciones que están grabadas por la Policía italiana, que llenó de micrófonos el piso milanés de Rabei Osmán. Estos «pinchazos» y las charlas grabadas en la vivienda, en las que reconoce que el 11-M «fue mío» y que los terroristas son «mi grupo», son las principales pruebas que le ubican en el centro de la planificación de la masacre. Chabarou admitió los contactos con el Egipcio, pero, pese a su condena, negó ser del GICM, dijo no conocer a sus dirigentes, los procesados en España Youssef Belhadj y Hassan el Haski, y rechazó que las conversaciones con Rabei Osmán tuviesen relación alguna con el yihadismo o con los atentados de Madrid. ¡Cómo me voy a comer la nota! La sesión de la tarde también tuvo como protagonista a otro islamista preso: Abdelkrim Bensmail, un marroquí encarcelado desde 1997 por su pertenencia a una célula del GIA argelino desmantelada en Valencia y procesado, dentro de la operación Nova, por formar parte del grupo que en otoño del 2004 pretendía volar la Audiencia Nacional con un camión bomba. Bensmail causó sensación a su llegada a la sala de vistas, incluso entre los procesados del habitáculo blindado. Iba vestido con una camisa, unos pantalones y un chaleco al estilo talibán, con un gorro de rezo árabe blanco y con una larga y afilada perilla. Compareció a petición de la Asociación de Víctimas del Terrorismo (AVT), que quería preguntarle por qué tenía en su celda de la prisión asturiana de Villabona una nota con los nombres y direcciones carcelarias de los etarras Henri Parot, que declaró el pasado martes, Harriet Iragi, Fernando Irakula y Jorge García Sertucha. Bensmail contestó que no tiene «ninguna» relación con los cuatro etarras, que no les conoce y que nunca tuvo nota alguna como la que le preguntaban. «A mí no me cogieron nada», afirmó. «No son mías, no son mías», repitió, en referencia a las direcciones sobre etarras. Negó que se le requisase otra nota con la fórmula para fabricar cloratita, uno de los explosivos usados por ETA. «No sé que es cloratita, nunca he oído hablar de ella», dijo. «En mi poder no», respondió al abogado de la AVT cuando le insistía en que sí le incautaron una nota sobre ese explosivo. El presidente del tribunal, al final del interrogatorio, se percató de que Bensmail no tenía por qué haber contestado a las preguntas de los abogados porque aún no ha sido juzgado por la operación Nova, en cuya acusación se incluye esta nota. No obstante, lo negó todo, con lo que no perjudicó su derecho a no declarar contra sí mismo. De esos escritos sólo se guarda una fotocopia sacada por el subdirector de la cárcel. El abogado de la AVT interrogó al islamista sobre un rumor extendido en la prisión según el cual el recluso se comió las notas manuscritas cuando se las devolvió el subdirector. «No me la comí, ¡cómo me la voy a comer!», respondió Bensmail.

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