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ANTONIO NÚÑEZ
León

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PERO TAMPOCO se pase o acabará pasado de rosca en esta jornada de reflexión. Obserbe usted los carteles -qué cartel y qué tropa, pero no tenemos otra- y siga las instrucciones del anuncio de Colón: busque, compare y, si encuentra algo mejor, cambie. Aunque hay poco donde elegir. El actual sistema de listas cerradas impuesto desde los llamados aparatos de los partidos propone para mañana como menú del día lentejas, si las quieres las comes y, si no las dejas, así que no se puede votar a éste de tal lista para alcalde, a fulano de la otra para teniente de alcalde y que lo controle, al de más allá para concejal de obras y urbanismo porque no se fía de los otros dos, etcétera. La democracia, según Montesquieu, se basa en el equilibrio y reparto de poderes, incluso en los pobrines municipios leoneses. De lo contrario los gobernantes se convierten en dictadores en La Moncloa y en mi pueblo en caciques. España es un país que pedalea en democracia a piñón fijo como Federico Martín Bahamontes, mítico escalador que memontaba todas las cuestas, pero nunca ganó un Tour. A Bahamontes le enseñó su padre, que era pescadero, a pedalear con una caja de pescado en el transportín desde el Tajo, donde aparcaban los camiones gallegos de las pescadillas todo para arriba hasta la tienda familiar. Se dice que fue así como llegó primero al Tourmalet, donde hacía la machada de comerse un helado esperando al pelotón. Luego en la cuesta abajo le adelantaban todos y hubo que aguardar a Indurain para que en Europa nos tomaran en serio. Ahora pasa lo mismo. Se vota como pedaleaba Bahamontes, a piñón fijo, y se nace de izquierdas o derechas esperándose de tí que pujes por una lata de sardinas para el PSOE, si eres rojo, o la caja de merluza para el PP, si vienes de familia bien. En pleno siglo XXI intentan convencernos los que van a gusto en la burra de que todo el pescado está vendido. Algunos incluso desentierran cunetas de tiempos previos al ciclista toledano. Un antiguo amigo de cuando Felipe González y Roldán me dijo cierta vez en una jornada de reflexión, tal como si fuera hoy, justo antes de que ganara Aznar: «Me tapé la nariz con una mano y voté con la otra». Vote usted mañana. Aunque huele que atufa.

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