La debacle del PSOE en Madrid pone en peligro a Zapatero

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Gonzalo Bareño - redacción | madrid
León

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La magnitud de la debacle socialista en Madrid ha disparado todas las alarmas. El PSOE no esperaba ganar, pero de cara a unas elecciones generales que se prevén reñidas, los 600.000 votos que el PP le ha sacado al PSOE en la Comunidad de Madrid pueden ser decisivos. En las generales del 2004, el PP aventajó al PSOE en la Comunidad de Madrid en menos de 30.000 sufragios. Esa fue una de las claves de la victoria de Zapatero: resistir en Madrid. Pero en las generales del 2000, en las que Aznar obtuvo mayoría absoluta, el PP aventajó al PSOE en Madrid exactamente en 600.000 votos. El resultado de este domingo en Madrid es idéntico al de la mayoría absoluta de Aznar. En términos de diputados, en el 2004 el PP obtuvo 17 en Madrid, y el PSOE, 16. Sólo uno de ventaja. Pero en el 2000, con 600.000 votos de diferencia, como este domingo, el resultado fue 19 para el PP y 12 para el PSOE, 7 de ventaja. Es decir, que sin en las próximas generale el PP repite el resultado del domingo en Madrid, descontaría sólo en esta comunidad casi la mitad de los 16 escaños que el PSOE le saca en el Congreso (164-148). El problema para el PSOE es que el votante madrileño del PP, con la excepción del 2004, es monolítico independientemente del el candidato. Es capaz de apoyar igual a Gallardón, el ala izquierda del PP, que a Esperanza Aguirre, del sector más conservador. Entre ambos sólo hubo el domingo 11.000 votos de diferencia. De modo que en las generales Rajoy obtendría previsiblemente el mismo apoyo que ellos dos, si no más. El PSOE tiene asumido que se ha equivocado y que es necesario tomarse mucho más en serio a Madrid, aunque el proyecto de Zapatero se identifique más con la España periférica que con el centralismo. El nombramiento de Miguel Sebastián fue una decisión personal de Zapatero que se saltó todas las normas internas de la Federación Socialista Madrileña y que, además de resultar un fracaso, ha conseguido soliviantar las ya de por sí turbulentas relaciones entre las diferentes familias. En el caso de Simancas, Zapatero se negó a relevarlo tras el escándalo del Tamayazo pese a ser uno de los responsables del fiasco.

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