Los acusados de facilitar los explosivos del 11-M se atacan para salvarse

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Alfonso Torices - madrid
León

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El juicio del 11-M apura sus últimas sesiones en medio de un clima de sálvese quien pueda. Varios de los procesados acusados de estar vinculados a la trama de venta de explosivos al comando islamista han comenzado a atacarse unos a otros con el objetivo de lograr un fallo lo más favorable posible a sus interese aun a costa de hundir a los vecinos de banquillo. Juan Carlos Herranz, abogado de Antonio Toro, defendió que su cliente no tiene nada que ver con el tráfico de explosivos y que eso es cosa de su ex cuñado Emilio Suárez Trashorras y de Rafá Zouhier, el delincuente marroquí sospechoso de poner en contacto al grupo asturiano con Jamal Ahmidán el Chino , uno de los jefes islamistas. Para quitar de en medio a su cliente, el letrado destrozó las versiones de Zouhier y del ex minero, quienes aseguraron que el único negocio que mantuvieron con El Chino fue el tráfico de hachís. Llamadas y reuniones Zouhier llamó a Toro en los primeros días de octubre del 2003, para decirle si le podía conseguir explosivos. Toro, que le conocía de la cárcel y de negociar con droga, le dijo que él no tenía nada que ver con ese tipo de mercado negro y que si quería que le preguntase a su cuñado, que había sido minero. El letrado señaló que, a partir de ese momento, su cliente no volvió a saber nada más sobre este asunto. La llamada de Zouhier se produjo sólo unos días antes de que el confidente se reuniese con Trashorras, El Chino y Rachid Aglif, uno de los hombre de confianza de Ahmidán, en el Mc Donald del barrio madrileño de Carabanchel, reunión en la que se supone que asturianos e islamistas sellaron el trato por el que le proporcionaron unos 200 kilos de dinamita sustraída en Mina Conchita a cambio de hachís. La narración de Herranz chocó con la estrategia de la defensa de Zouhier, cuyo defensor, sólo unos minutos antes, había rechazado que su cliente fuese el enlace entre los terroristas y la trama asturiana de los explosivos, aunque no ofreció un solo elemento de peso para contrarrestar los múltiples indicios que señalan lo contrario. Dijo que acudió a los encuentros de los Mc Donald como guardaespaldas de Trashorras.

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