| Entrevista | Luis Caro |

«Esta investigación puede cambiar muchas 'verdades' de la historia»

El investigador abre en esta entrevista varias líneas de investigación y resalta el hecho de que se trata de la primera vez que se tiene acceso al perfil físico y genético de un rey

María Edén Fernández y Luis Caro con el cráneo del rey Juan II

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Cristina Fanjul - león
León

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Luis Caro y María Edén Fernández son los artífices del estudio antropológico de la Cartuja de Miraflores, un aldabonazo para la investigación española. -¿Cuándo comenzó la investigación? -Oficialmente en marzo de 2006, que fue cuando nos desplazamos a la Cartuja de Miraflores en Burgos para la apertura de la urna que contenía los restos de Juan II de Castilla y de Isabel de Portugal, en la cripta bajo el sepulcro de alabastro de Gil de Siloe. La recogida de los restos la hicimos personalmente, Edén Fernández y yo, y lo primero que pudimos observar es que allí había el esqueleto de una persona adulta, un varón, con el cráneo y la mayoría de los huesos largos. El Procurador de los Cartujos, nos informó que en 1929 se había hecho la última restauración de la cripta y que con motivo de la invasión de los franceses, la Cartuja había sido saqueada, incluidos los enterramientos reales. También hallamos fragmentos óseos de huesos largos de brazos y piernas de otra persona, que diagnosticamos como una mujer, pero no había otro esqueleto. A finales de mayo de 2006 el servicio de Arqueología de la Junta nos informó que al proceder a la restauración del sepulcro del infante-rey don Alfonso, se había descubierto la profanación del mismo mediante un agujero realizado en la piedra superior de alabastro por las tropas de Napoleón. -¿Por qué esta investigación es especialmente importante? -Últimamente se están haciendo numerosos estudios sobre personajes de la historia de España, tanto por su valor intrínseco como por la oportunidad de su descubrimiento y, como en este caso, aprovechando la coincidencia de la restauración completa de la Cartuja de Burgos. La importancia radica en que se trata nada menos que de los padres de Isabel I la Católica, que como sabemos está enterrada en la catedral de Granada, y de su hermano el príncipe-rey Alfonso, cuya prematura muerte ocurrió cuando tenía 15 años de edad según las crónicas. Se trataba de acceder físicamente a los restos de personajes de gran trascendencia en la Historia de España y de conocer de manera directa el aspecto físico antropológico de los mismos, así como sus posibles patologías sufridas en vida y que dejaran su impronta en el hueso. También se incidía por primera vez en el estudio antropológico de la familia de Isabel I, cuya importancia en la historia de España es innegable, aunque fuese a través de sus padres y hermano. Entendemos que se abre la puerta a un estudio más completo de esta familia real. -¿Ha consultado a otros especialistas? -Por supuesto, un científico no sabe absolutamente todo de todo, su responsabilidad es consultar a las personas mejor informadas en cada momento con las cuales pueda elaborar su criterio. Es el caso de historiadores, como la profesora Margarita Torres, o del Dr. Díaz Villarig, y de mis colegas antropólogos del Laboratorio de Antropología Física de la Universidad del País Vasco en Bilbao. En todos los casos citados sus opiniones han sido muy valiosas para la elaboración de nuestro estudio. -¿Sería conveniente continuar la investigación con el estudio de otros cuerpos, como Enrique IV, por ejemplo? -Como se sabe, los restos momificados de Enrique IV y de su madre, María de Aragón, fueron descubiertos en 1946 por un obrero que realizaba reparaciones detrás del retablo mayor de la Iglesia de Guadalupe en Cáceres. En aquel año, la Academia de la Historia organizó una expedición científica dirigida por el historiador Manuel Gómez Moreno y Gregorio Marañón. Fruto de esa expedición fue el tan renombrado libro escrito por Marañón sobre Enrique IV de Castilla. En principio, Enrique IV es una historia colateral en la línea real sucesoria de la corona española, cuyo reinado estuvo envuelto en la guerra civil sucesoria con el infante rey Alfonso y su hermana Isabel I, pero que no dejó descendencia en la sucesión de la familia real. Está envuelto en el asunto de La Beltraneja y se especula en su posible intervención en la muerte de su hermanastro, el infante-rey Alfonso. Como tal personaje histórico es poco relevante en una investigación que tratara de autentificar genéticamente los restos de los personajes reales de la Cartuja, a menos que estudios posteriores hiciesen necesario conocer el perfil genético de Enrique IV. -¿Habría sorpresas si se estudian los restos de Enrique IV? -Sería interesante poder hacer la descripción antropológica completa de Enrique IV para compararla con la de Juan II. También puede ser interesante tratar de desvelar el problema de la sucesión de Enrique IV en su hija Juana. -¿Es esta una investigación pionera en España? -A nosotros nos parece que sí, en el sentido de que abre la puerta a otras posibles investigaciones de la familia real de Isabel I la Católica. Por primera vez en la historia de España accedemos al aspecto físico verdadero y al perfil genético de personajes reales que fueron historia. Así, podríamos definir claramente la línea genética de la casa lusitana de Barcelos, presente en Isabel de Portugal y en sus hijos Isabel y Alfonso. Lo mismo podríamos hacer con la línea genética de Catalina de Láncaster, presente en Juan II de Castilla.

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