Diario de León

La Guardia Civil reconstruye las intenciones de ETA por las declaraciones de Portu y Sarasola

Los etarras que atentaron en la T-4 prepararon otro en el centro de Madrid La fecha: un sábado de enero o, a más tardar, principios de febrero

Los terroristas tenían planeada una masacre en una hora punta durante el periodo de rebajas

Estado en que quedó la terminal 4 del aeropuerto de Barajas tras el atentado de ETA

Estado en que quedó la terminal 4 del aeropuerto de Barajas tras el atentado de ETA

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Melchor Sáiz-Pardo - madrid m. s. p. | madrid
León

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Los terroristas que volaron el aparcamiento de la T-4 revisaron el corazón financiero de Madrid, el complejo de Azca, en menos de una hora, tiempo suficiente para ensayar el atentado que pretendían llevar a cabo unos días después. Lo hicieron el pasado 1 de diciembre, el mismo día que sus compañeros de ETA tiroteaban en Capbreton a los agentes Fernando Trapero y Raúl Centeno. La Guardia Civil, gracias a las declaraciones del jefe del comando, Martín Sarasola Yarzabal Luzia y a una investigación exhaustiva, ha logrado reconstruir aquel viaje contrarreloj desde la localidad Navarra de Lesaka a Madrid que no fue otra cosa que el ensayo general de una masacre. Todo comenzó el viernes 30 de noviembre del 2007. El lugarteniente de Luzia, Igor Portu Juanena Pantani , alquiló con su documentación legal el coche con el que el comando Elurra (Nieve) iba a realizar el viaje de prospección. El reconocimiento de la zona a atacar debía realizarse en fin de semana porque los cuatro integrantes del grupo eran legales (no estaban fichados por la Policía) y compaginaban su militancia en ETA con su trabajo durante la semana: uno como tratante de ganado, un escayolista, un peón de albañil y un trabajador social . No era su primer viaje al servicio de ETA. Los cuatro etarras ya habían hecho fugaces desplazamientos en sus días libres para llevar explosivos a Valencia, Asturias, Tarragona, Zaragoza, Guadalajara y Vizcaya. También habían aprovechado sus vacaciones de Navidad del 2006 para perpetrar el atentado de Barajas, en el que murieron dos ciudadanos ecuatorianos y con el que reventaron al alto el fuego. La masacre en el corazón financiero madrileño tenía el mismo diseño: viaje de ida y vuelta en el día, sin levantar sospechas; un golpe rápido, preciso, brutal. El más barato Portu no se estiró. Su colaboración con ETA había hecho ya un roto en su bolsillo. Su paga de trabajador social no daba para mucho y, tras buscar las ofertas de las agencias de alquiler, se decidió por el coche más barato de la oficina que Europcar tiene en la localidad guipuzcoana de Irún, muy cerca de la estación de tren. Un pequeño Kia Picanto 1.1 de color naranja en el que los cuatro etarras viajarían muy apretados a Madrid. Total: 99,74 euros más 0,1 céntimo por cada kilómetro extra. La gasolina y los peajes los pagarían los otros a escote. Todo low cost . Aquel viernes, Portu y Sarasola fueron en el vehículo particular del primero, un Land Rover Freelander, a la oficina de la calle Lope de Irigoyen 9, a la que llegaron poco antes de las 19.30 horas. Allí se enteraron de que el local cerraba el domingo. El coche, por tanto, había que devolverlo el sábado antes de las 20.00 horas para no pagar recargo. El comando decidió salir pronto hacia Madrid y volver enseguida. Así también se ahorrarían la cena por el camino. Sarasola y Portu quedaron con los ahora huidos Joseba Iturbide Otxoteko, Makarra , y Mikel San Sebastián Gaztelumendi, Pottoko , a las 7:00 horas de la mañana del sabado 1 de diciembre en un punto aún no conocido de Lesaka. Los terrorista hicieron gala del primer nombre que tuvo el comando: Goztiarrak, los madrugadores. Salieron de inmediato, por delante había casi seis horas y media de viaje y 568 kilómetros hasta el aparcamiento de Azca, porque los activistas habían decidido pasar por Zaragoza para comprobar rutas alternativas. Los terroristas encararon la Nacional 121-A y pasaron muy cerca del buzón enterrado en el arcén y en el que la dirección de ETA dejaba habitualmente las instrucciones para ellos. No tomaron apenas precauciones pues eran ciudadanos legales -no llevaban ni armas ni explosivos ni documentación falsa- en un viaje relámpago para hacer compras navideñas en Madrid. La escasez de tiempo les obligó a despreciar las carreteras secundarias. La Guardia Civil cree que los terroristas encararon la carretera a Pamplona, pasaron por Zaragoza y tomaron la N-II directos a Madrid por autovía. Hundieron el acelerador del Picanto, pero sin pasar de 120 kilómetros por hora para evitar ser interceptados por los agentes de Tráfico. Es una hipótesis: los investigadores estiman que los terroristas escucharon en la radio que miembros de ETA en Francia habían disparado contra los guardias Trapero y Centeno cuando circulaban a la altura de la capital aragonesa. El atentado de Capbreton no cambió sus planes. Hacia los edificios El Kia Picanto naranja entró al aparcamiento del Paseo de la Castellana 71, situado entre El Corte Inglés y la sede del BBVA, poco después de las 13.00 horas. El control del parking, que graba las matrículas, y las cámaras del recinto registraron la llegada. En las imágenes apenas se ve a los cuatro terroristas. El coche quedó estacionado muy cerca de los edificios comerciales, con la parte posterior hacia los inmuebles, como se aparcaría un coche-bomba para dirigir la onda expansiva contra los muros de carga y causar el mayor daño posible. Los cuatro etarras se perdieron entre los cientos de ciudadanos que pululaban ese sábado por la zona para hacer sus primeras compras de Navidad. La mayoría de sus movimientos no fueron recogidos por las cámaras. Los investigadores creen que entraron en los centros comerciales como unos clientes más y que merodearon, por separado, por el aparcamiento para localizar las cámaras y medidas de seguridad. Menos de una hora bastó para confirmar que el sitio era

, según la declaración de Sarasola ante la Guardia Civil. Fácil acceso, fácil salida del aparcamiento ya que está en la superficie, fácil huida de vuelta a Navarra por el paseo de la Castellana hacia la N-1. En teoría, un fácil y mortífero ataque en el centro de la capital. Sábado de enero o, a más tardar, principios de febrero. Uno de los centros comerciales más grandes de España en plena campaña de rebajas. Miles de personas de tiendas. Otros miles de usuarios del transporte público en el subsuelo, pues Nuevos Ministerios, el intercambiador que da servicio al complejo de Azca, es punto de encuentro de tres líneas de metro, un apeadero del ferrocarril de cercanías y, al menos, dos paradas de autobús. Es una de las áreas más populosas y transitadas de Madrid, en la que un aviso de bomba provocaría un pánico indescriptible. O una masacre si algo fallaba o las fuerzas de seguridad no eran capaces de desalojar a la muchedumbre. Ese fue el escenario elegido por el comando Elurra para noquear Madrid con un coche-bomba en Azca. Mandos de la lucha antiterrorista apuntan que hubiera sido, con toda probabilidad, una de los acciones más graves de la historia de ETA. Era el gran atentado antes de las elecciones con el que el Gobierno alerta desde la ruptura del alto el fuego. Los investigadores están convencidos de que los terroristas tenían la intención de copiar el modus operandi del atentado de la T-4: aparcar el coche-bomba menos de 24 horas antes en el parking y dejar programado el artefacto explosivo para estallar a la mañana siguiente. El día escogido para viajar a Madrid hubiera sido un viernes a última hora o la madrugada del sábado, cuando el comando de legales de ETA no tuviera jornada laboral y pudiera viajar de fin de semana sin levantar la menor sospecha. A pesar de conocer casi todos los detalles del frustrado ataque, la Guardia Civil todavía tiene varias incógnitas sobre esta acción.
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