Más de 400 damnificados de once países diferentes se reúnen durante dos días
El Príncipe pide ante las víctimas unidad para acabar con el terrorismo
El Gobierno envía a dos secretarios de Estados al Congreso Internacional de Víctimas Críticas a la política de Zap
Una de las participantes en el Congreso muestra un cartel alertando de los secuestros
Los príncipes de Asturias inauguraron ayer en Madrid el IV Congreso Internacional de Víctimas del Terrorismo que reúne durante dos días a más de 400 damnificados de once países diferentes. En sus palabras de bienvenida, don Felipe pidió «unidad y firmeza» en la lucha antiterrorista. El heredero de la Corona también recordó «la necesidad de una cooperación cada vez más efectiva entre todos los Estados para acabar definitivamente con los crímenes y amenazas del terrorismo». «Terminar con el terrorismo -señaló el Príncipe- es un deber y un imperativo moral para todas las sociedades libres comprometidas con la defensa de la vida, los derechos humanos y libertades las fundamentales». Una lacra a la que hay que combatir -insistió el Príncipe -desde el Estado de Derecho y apoyándose en tres vértices: la acción de la Justicia, el trabajo de las fuerzas de Seguridad y la cooperación internacional. Don Felipe, que subrayó la «cercanía y cariño» de la Familia Real con todos los que en el mundo han sufrido la violencia de las bandas armadas, mostró su «profunda repulsa y firme condena» hacia el terrorismo, al que calificó de fenómeno «inhumano y sanguinario, siempre inaceptable e injustificable». El terrorismo, explicó, es «el radical enemigo de la democracia». «Destroza vidas y familias, trunca el ejercicio de los más elementales derechos y niega las libertades, al tiempo que desgarra el corazón de todos», añadió. En sus palabras a las víctimas, el heredero puso como ejemplo de «sufrimiento» a España, una «sociedad libre, plural, democrática y amante de la paz» que «conoce y sufre desde hace tiempo las brutales caras del terror, su fanatismo, su odio y su desprecio a todos los valores que nos distinguen como seres humanos». «Esperanza» El Príncipe, dirigiéndose a las víctimas, recordó el «inmenso dolor» que el terrorismo ha provocado en sus vidas. «Nada ni nadie puede compensar a las numerosas víctimas de la lacra terrorista por la irreparable pérdida de sus vidas, por el sufrimiento que generan sus heridas o por la dolorosa huella que dejan sus cicatrices». Pero también llamó a la «esperanza», con la «convicción de poder desterrar esta lacra de la faz de la tierra». Insistió en que las víctimas son para cualquier democracia un referente porque dan una lección de «dignidad frente a la más brutal adversidad». «Su recuerdo imborrable y su testimonio siempre estarán presentes en nuestros corazones», apostilló. «Sois un ejemplo», les dijo el Príncipe de Asturias a los damnificados, que «dignifican a todos al fijarse como objetivo colectivo el permanente recuerdo a cuantos perdieron tan cruelmente la vida».