Diario de León

La banda no logra esconder a sus activistas de élite cuando vuelven a Francia tras «quemarse»

Los huidos de la T-4 vagaron cuatro semanas sin conseguir ninguna ayuda

El «aparato de acogida» vive sus horas más bajas y lleva a los etarras a casas vigiladas La falta

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Melchor Sáiz-Pardo - madrid
León

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Eran la élite de los comandos de ETA, pero apenas han podido sobrevivir un mes en la clandestinidad. Mikel San Sebastián Pottoko, y Joseba Iturbide Makarra, los únicos autores del atentado a la T-4 que quedaban en libertad, fueron capturados el viernes en San Juan de Luz. La cúpula etarra no pudo hacer nada por esconderles en un lugar seguro tras la detención de sus compañeros el pasado 6 de enero. El acoso policial y el hostigamiento judicial en Francia durante el último año han comenzado a pasar factura al aparato de acogida de la banda, que vive sus horas más bajas. En sólo doce meses han caído tres taldes de vanguardia mientras trataban sin éxito que alguien les escondiese al otro lado de la frontera. Según los mandos de la lucha antiterrorista, Pottoko y Makarra llevaban un mes vagando por el Pirineo navarro, zona que conocían muy bien, y por el sur de Francia. Perdidos sin que ningún colaborador del denominado harrera -aparato de acogida- se hubiese ocupado de ellos. Desde que sus compañeros de talde Mattin Sarasola e Igor Portu fueran arrestados, los dos huidos, hasta entonces legales -no fichados-, se habían dedicado a malvivir en el monte. Sin armas, sin tarjetas y sin que la banda les hubiera proporcionado documentación falsa con la que poder alquilar una habitación. Sólo mil euros en el bolsillo, el dinero que pudieron recoger a toda prisa cuando supieron del arresto de sus compañeros y del que iban tirando para comer de lo que compraban y afanaban en los supermercados. Nunca nadie había explicado a Iturbide y a San Sebastián qué hacer si el comando Elurra tenía problemas. Su inmediato superior jerárquico, Joseba Aranibar, el mismo que les había captado, convertido en mugalaris y que les había ordenado atentar contra la T-4 y contra Marina D'Or, había sido detenido el pasado julio. Al único miembro de ETA en libertad que, al menos Iturbide, conocía era el jefe de los comandos de la banda, Garikoitz Aspiazu Txeroki . Pero el jefe no iba a echarles una mano. El propio Txeroki fue, según las fuerzas de seguridad, el que ordenó no dar direcciones de acogida a sus pistoleros para evitar detenciones en cascada. «La casa más vigilada» Tras un mes de periplo, Pottoko y Makarra llegaron hace menos de una semana a la casa de San Juan de Luz. No sospechaban que el único refugio que les ofrecía ETA suponía en realidad meterse en la boca del lobo. La vivienda del veterano activista José Antonio Martínez Mur Txetxu y de su mujer Asunción Bengoetxea era quizás «la casa más vigilada de todo el País Vasco francés», en palabras de los mandos del operativo. «No había sido detenido ni hostigado porque su libertad era mucho más valiosa» para los investigadores. Eso sí, su casa era vigilada «24 horas al día». Y el jueves esas vigilancias dieron un «inesperado fruto». Los agentes galos comprobaron que había huéspedes y la sorpresa fue que eran los terroristas de la T-4. Tras un día de debate, se decidió su captura. Algunos operativos apostaban por esperar a ver si por la casa pasaba el propio Txeroki, pero se optó por la detención para evitar una posible huida.

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