| Perfil | Identificado con el pensamiento y obra |
El penúltimo de Aznar
Con su austeridad característica asegura que no coincide con el proyecto de Rajoy ni se considera parte de su equipo. Es el más identificado con el pensamiento y obra del ex presidente
El secretario general del PP, Ángel Acebes, atiende a los periodistas
Seis días después de la salida fallera de Eduardo Zaplana, Ángel Acebes decidió emular al compañero de fatigas, eso sí con sus modos austeros de siempre reflejados en un comunicado de ocho escuetas líneas. Tampoco hubo portazos, pues seguirá en la secretaría general hasta el congreso de mayo. Sin alzar la voz, dejó claro que no se siente identificado con el proyecto que diseña el líder del partido para salir de la crisis ni se considera parte de su equipo. Acebes, sobre todo, es un hombre de José María Aznar, su más fiel expresión en el aparato «popular», el rostro que más se identifica con el pensamiento y obra del ex presidente del Gobierno. Compartió con él cuna política, Ávila, y mentor político, Feliciano Blázquez. Aznar le aupó de la alcaldía de Ávila a la portavocía en el Senado, donde reemplazó a Alberto Ruiz-Gallardón en 1995. Un año después, se convirtió en coordinador general del PP, un cargo creado para que llevara las riendas del partido en ausencia del secretario general, Francisco Álvarez Cascos, ocupado en menesteres gubernamentales. Tres años de callada y dura labor (acudió a no se sabe cuantos funerales en el País Vasco por la ofensiva de ETA contra los concejales de su partido y medió en la crisis del PP de Asturias) tuvieron su recompensa en 1999 en forma de cartera de Administraciones Públicas que dejaba Mariano Rajoy. Si con Aznar compartió orígenes políticos, con el hoy presidente del PP también tuvo sus coincidencias: volvió a reemplazarle en Interior en 2002. Entre medio, se hizo cargo del Ministerio de Justicia. Su fidelidad hacia el ex presidente del Gobierno le colocó ante una tesitura de las que invitan a salir corriendo. Durante el congreso del PP de 1999, Ávarez-Cascos, su jefe inmediato, pretendió introducir una enmienda para que nadie ocupara un cargo orgánico más de ocho años. Aznar le encargó desactivar el intento y lo hizo: con habilidad, pactó con el «general secretario» una transaccional que descafeinó la propuesta inicial. Los elogios hacia su persona son casi generales en el PP. Sólo en su feudo castellano y leonés encuentra detractores temerosos de que el clan abulense intente el asalto al Gobierno regional.