Una cura multidisciplinar

Un equipo de psiquiatría, psicología y nutrición, cuyas terapias están coordinadas con la enfermería y tienen continuidad, trabaja en la unidad regional de trastornos de la conducta alimentarios de Burgos

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A. Gaitero - burgos
León

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Recuperar la comida como sorporte orgánico y como placer, reajustar la imagen corporal y tratar la enfermedad mental son los tres pilares de la actuación médica contra los trastornos de la conducta alimentaria, entre los que la anorexia -1,5-2 por ciento de la población- y la bulimia -tres por ciento- son los más frecuentes. En la unidad de trastornos de la conducta alimentaria de Burgos, que es el centro de referencia de la comunidad, estas terapias se abordan desde la nutrición, la psicología y la psiquiatría, que son las tres especialidades médicas que trabajan en la unidad, junto al personal de enfermería y la trabajadora social. Como paso previo, la unidad tiene que paliar, en la mayor parte de los casos, la precaria salud física y psíquica de las personas ingresadas, ya que recibe a pacientes de máxima gravedad y remisos a otros tratamientos en sus provincias de origen. A Burgos llegan pacientes que frecuentemente presentan alteraciones metabólicas severas e incluso muy graves: uno de los últimos casos presentaba un índice de masa corporal de 12, cuando los valores normales de proporción entre peso y altura se sitúa entre 18 y 24,4. Además, suelen sufrir alteraciones cardíacas (hay establecida una consulta rutinaria con el servicio de cardiología para sus pacientes) y neurológicas, así como déficit de minerales como sodio y potasio, explica la nutricionista y endocrinóloga Elvira Martín de la Torre. En ocasiones, padecen también complicaciones orgánicas como trastornos digestivos, cardíacos, metabólicos, anemias por déficit de hierro, osteoporosis y osteopenia», entre las más frecuentes. «La atención es magnífica, en León no tenemos nada igual», corrobora un familiar de una paciente que estuvo más de un mes ingresada en esta unidad del servicio de psiquiatría del hospital Divino Valles de Burgos desde enero del 2006. El ingreso en la URTA no es directo. Son los especialistas de cada área de salud quienes solicitan las plaza en la unidad, que cuenta con ocho camas dentro del servicio de psiquiatría del Divino Valles. El tratamiento integral de los trastornos graves implica, desde el ámbito de la nutrición, reeducar la conducta alimentaria con «buenas prácticas»: orden y horarios fijos, variedad de alimentos, disfrute de la comida y reposo. La psicología utiliza estrategias motivacionales para «recomponer psicológicamente la imagen corporal distorsionada por la enfermedad», explica la psicóloga clínica Erika García. La unidad realiza un registro diario de las comidass de cada paciente y es obligado el reposo en una sala controlada, para evitar conductas como los vómitos a las que frecuentemente se recurre cuando se padece este trastorno para evitar coger peso. Mirarse al espejo está casi prohibido y van al baño siempre bajo la supervisión del personal sanitario de la unidad. La insatisfacción con la imagen corporal -lucha contra caderas y muslos en las mujeres y contra los abdominales en los varones- es uno de los síntomas, pero no es la causa directa de la enfermedad. Es una patología asociada frecuentemente a trastornos afectivos, de ansiedad y de personalidad, catalogadas como enfermedades mentales y requieren un abordaje psiquiátrico y farmacológico. En casos puntuales hay antecedentes de abuso de sustancias. La psicóloga tiene que trabajar desde el momento del ingreso con la «conciencia de enfermedad» de las personas afectadas y de sus familias. «Reconocer que existe enfermedad es el primer paso para empezar un tratamiento», precisa. Pero «muchas veces se rechaza que sea un trastorno mental y se lleva al campo de la voluntad de las personas afectadas (se cree que actúan así porque quieren). Además, es difícil de descubrir porque se esconde», explica la psiquiatra y coordinadora de la unidad, Nuria Español. Cada paciente recibe consultas diarias de psiquiatría y psicología y tres veces por semana de nutrición. Además, hacen un seguimiento cardiológico periódico durante la hospitalización. Se trata, en suma, de un «tratamiento individualizado», en el cual la familia tiene un papel muy importante, según explica el equipo. Pero las familias de pacientes que proceden de otras provincias de la comunidad se ven obligadas a trasladarse a Burgos si quieren participar en este proceso. Durante la hospitalización se permiten dos horas de visita al día y una llamada de teléfono. El ingreso en la unidad es voluntario, salvo en casos excepcionales de extrema gravedad en los que corra peligro de la vida de la persona y el equipo médico puede reclamar el ingreso por orden judicial. Los trastornos de la conducta alimentaria se dan mayoritariamente en mujeres, pero también se producen ingresos de hombres, sobre todo jóvenes: por cada diez pacientes, hay un varón. Por ahora, los resultados de los tratamientos se consideran «satisfactorios». Pese a la gravedad de algunos casos, no se ha tenido que lamentar el fallecimiento de alguna persona desde que se abrió la unidad en enero del 2006.

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