Las restricciones a la reagrupación familiar se han endurecido también
Según el responsable provincial de UGT para inmigración, Miguel Angel Cueto, al margen del BOE el Gobierno está endureciendo hasta límites impensables la llegada de nuevos inmigrantes. Un ejemplo de ello era la normativa para la «reagrupación familiar» por la que un extranjero podía traer a su casa familiares directos, como mujer, hijos, hermanos o padres, que, a su vez, hacían lo propio con el resto de la parentela si encontraban perspectivas de trabajo. Pero eso se acabó, incluso antes de que lo anunciara el nuevo ministro de Trabajo, Celestino Corbacho, con nuevas normas para cerrar el grifo que abrió el «efecto llamada» de su antecesor Caldera. Para cueto lo que está pasando es muy simple: «por cada inmigrante venía como media un familiar más y después de la regularización masiva de hace dos años el Gobierno se acongojó y cerró el grifo». A partir de septiembre habrá una nueva política que cambia el «papeles para todos» por el de «vuelta a casa». Para incetivarla, aprovechando la actual crisis de la construcción, desde el Gobierno se promete pagar a los inmigrantes en dos plazos sus derechos de desempleo, en vez de mes a mes, como a cualquier otro parado nacional. La primera cantidad (40% del total) la percibirán en el momento del despido si aceptan regresar a su tierra con compromiso de no volver a España en cinco años y el 60% restante a través del consulado español más próximo en sus países de origen. El proyecto no parece tener un futuro brillante, según los sindicatos, porque «cuando alguien llega para trabajar desde miles de kilómetros y tiene hambre es difícil convencerle para que vuelva con un bocadillo». «Lo único que está haciendo el Gobierno», se añade, «es poner trabas burocráticas para confirmar papeleos de lugares de residencias, parentescos, ingresos del contratador, etcétera, y eso sólo sirve para alargar la solución del problema, pero nada más».