| Análisis | Ningún proveedor es optimista |
La crisis es la pescadilla que se muerde la cola
Los pagos del gasóleo para viviendas se están retrasando hasta tres meses, que en los ayuntamientos superan a menudo los nueve
La famosa desaceleración económica del presidente Zapatero se está convirtiendo en una marcha atrás en toda regla. A falta de cálculos sobre velocidades al revés algunos empresarios del sector de gasóleos y gasolineras ironizan que la crisis va «de culo y sin frenos», dicho sea con perdón. Por primera vez en muchas décadas están cerrando gasolineras en la provincia por números rojos en el negocio, algo impensable en concesiones que antaño se consideraban seguras y envidiables. Los distribuidores de gasóleo y gasolinas prefieren no salir en los periódicos, pero con la boca pequeña, o no tanto, avisan de que ellos mismos están al borde de la cuneta. Las estadísticas nacinales cifran en un 5% la caída del consumo de carburantes para automóviles, «algo psicológico, porque luego la demanda se recupera en vacaciones o en un fin de semana, pero lo peor es la demanda doméstica o la industrial, de la que cada vez hay menos estadísticas, incluso para nosotros». Cuestión aparte son las facturas. Si antes se les cobraba a los particulares y comunidades de vecinos a un mes o dos del suministro, ahora con suerte se hace a tres. En cuanto a grandes clientes, como los ayuntamientos, que deben dar calefacción a sus propias sedes oficiales, además de a escuelas y todo tipo de edificios oficiales, la cuestión se complica. «Lo normal es cobrar de ocho meses en adelante, algo que sale muy caro de financiar en los bancos, así que muchos estamos con el agua al cuello». Deudas de medio millón o más de euros no son infrecuentes en ayuntamientos medianos -cualquiera de más de tres mil habitantes- y los distribuidores no se atreven ni a pleitear con ellos ni a cortarles el suministro: por una parte, pagan mal y tarde, pero acaban pagando; y, por otra, los gastos de un pleito a largo plazo serían ruinosos, aparte de que siempre habría otro competidor para suministrar carburante. Clientes oficiales aparte, para los proveedores la crisis es la pescadilla que se muerde la cola. «Un particular está agobiado por la hipoteca o el IBI, apaga la calefacción o deja de pagarla, ahorra en la cesta de la compra y en el coche y al final nos bebemos la gasolina».