Casi la mitad del consumo energético va hacia las viviendas y usos domésticos

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A. Núñez - león
León

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El RITE pretende ser un cálculo en pequeño de la normativa que ya rige en la UE desde hace década y media y que en el 2007 se tradujo en lo que entonces se llamaba el Código Técnico de Edificación, en total una farragosa norma de ahorro energético doméstico para hogares ricos que luego despilfarran la gasolina y la electricidad por todas partes, incluídas las casas con dos o más coches. La normativa europea y, por extensión, la de la Junta, utiliza un farragono lenguaje de términos que, o se sobreentienden por obvios, o no se comprenden por excesivamente técnicos. En todo caso hay continuas alusiones a la ecología, las emisiones a la atmóstera de CO2, el calentamiento global del planeta, la utilización de energías renovables, como la eólica o la solar, etcétera, todo ello de forma idílica que para nada tiene en cuenta la dependencia energética de los estados de fuentes polémicas, como el carbón o las centrales nucleares. En Europa por razones económicas se tiende a prescindir del primero, salvo en antiguos países del Este, como Polonía o se importa directamente de Ucrania, incluso hasta las térmicas leonesas de La Robla y Ponferrada, y, respecto a la nuclear, se compran directamente los kilowatios de Francia, a tiro de piedra de la frontera mientras para el Gobierno español es tabú replantearse un debate sobre la posibilidad de instalar centrales nucleares a este lado de los Pirineos o, incluso, no se descarta cerrar las pocas ya existentes. De momento las normativas oficiales tienden a una política de marketing electoral dirigida a los usuarios domésticos, recordando que «los edificios representan el 40% de la demanda energética europea y por ello las reformas importantes de los ya existentes brindan una excelente oportunidad para poner en marcha medidas que aumenten de forma eficaz su rendimiento energético». Las explicaciones oficiales del RITE se pierden en una farragosa propaganda que manda mensajes de perogrullo, como que «un edificio mal aislado consume más energía, contamina más, cuesta más y, por lo tanto, genera malestar a todo el mundo». Luego se ofertan subvenciones de hasta el 22% para «envolvente térmico» de los inmuebles, hasta 20.000 euros por vivienda y 300.000 por edificio de comercio o servicios, pero se obvia decir el plazo para cobrarlas.

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