OPINIÓN | LUIS SANZ
Una respuesta para usted
COMO EN aquella campaña del Atlético de Madrid cuando bajó a segunda, Zapatero prometió ayer a los españoles «un añito en el infierno» o, lo que es lo mismo, un 2009 duro, difícil, pero sólo «un paréntesis», ante los reproches de que no supo o no quiso adivinar el alcance de la crisis. El presidente fue a la televisión «a dar la cara» -”como él mismo se ha encargado de repetir en varias ocasiones-”, a reconocer la magnitud de la crisis y a pedir que todos arrimen el hombro para salir de la «gravísima» crisis.
Por lo visto, lo que más lo reprochan a Zapatero los españoles es que no fuera capaz de prever la dimensión de la crisis económica, cuestión por la que la angoleña Franquelina ha llegado a preguntarle: «¿se le ha pasado por la cabeza dimitir?».
«Yo no engañé», se ha defendido el presidente del Gobierno, quien ha recordado que los organismos internacionales han modificado reiteradamente los pronósticos y ha apuntado en varias ocasiones a los Estados Unidos y a la «avaricia de los que mueven los hilos allí» como principales responsables del origen de la crisis. Otra cosa que no gusta es lo de las ayudas a los bancos, por lo que Zapatero ha tenido que esforzarse en dejar claro: «no les hemos regalado ni un euro».
A los parados, alguno de ellos preguntante ayer, les ha dicho que son su mayor preocupación, les ha pedido ánimo para superar un año difícil, «un paréntesis duro y difícil, pero un paréntesis», y les ha puesto el horizonte de 2010 como el momento para vislumbrar el momento en que se volverá a crear empleo.
Confianza y compromiso es lo que Zapatero pide a los españoles, a quienes recordó que esta sociedad ha salido de situaciones difíciles, ha hecho una transición política y ha dado un paso de gigante en materia económica y de bienestar.
«Vamos a salir de esta», «el Gobierno no puede hacerlo solo», «este no es el momento de grandes beneficios ni de salarios excesivos», ha dicho Zapatero ante la batería de preguntas en las las que, cómo estaba cantado, ha reinado la economía. Ni el terrorismo, ni la inmigración, ni las infraestructuras, ni el follón de Madrid... En esta ocasión, no ha habido ninguna pregunta tan exitosa como la del precio del café de hace dos años, quizás porque los invitados estaban convencidos de que Zapatero se habría estudiado hasta lo que cuestan los boquerones en vinagre.
El mejor resumen de las intervenciones de los ciudadanos, lo ha puesto una parada de Madrid que está en el paro: «yo no tengo una pregunta para usted. ¿Tiene usted una respuesta para mí?».