«Fue un puñetero calvario»
m.b. | madrid
Llevaban años deseando estar ante un tribunal de Justicia. Cada palabra, cada gesto, cada suspiro de los familiares de las víctimas del Yak 42 sacudieron ayer con fuerza la sala. Los relatos de siete madres, padres, viudas y hermanos que comparecieron como testigos ante el tribunal hicieron retorcerse en su asiento al principal acusado, el general médico Vicente Navarro, y también al resto de asistentes al juicio. Denunciaron «abandono», «machaque psicológico brutal» y «amenazas» desde el accidente. «Fue un puñetero calvario» que se superpuso al dolor de la pérdida de sus seres queridos. Entre lamentos, relataron el «impacto» que supuso conocer un año después que los suyos habían sido enterrados o incinerados a kilómetros de sus casas. Y lanzaron una andanada contra los responsables.