Los «cachorros» del PP se sienten estafados por la dirección

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Magis Iglesias
León

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madrid

Les gusta identificarse como una generación aparte, se consideran el recambio del aznarismo, son los jóvenes cachorros, treintañeros e incluso cuarentones que apenas repuntan en el PP a la espera de que se retire la hornada a la que pertenece Mariano Rajoy. Después de que los franquistas siguieran a Manuel Fraga en su aventura democrática de Alianza Popular, liberales y centristas vivieron sus años de gloria con el PP de José María Aznar y disfrutaron del poder durante dos legislaturas. Los de la tercera ola -como les gusta llamarse-, son nuevos dirigentes con unas ideas y modos de hacer política distintos a los de sus mayores, menos doctrinarios y nada dogmáticos. Esta generación no está dispuesta a empuñar las armas para hacer la revolución y desalojar a la cúpula actual pero espera impaciente el recambio, en su mayoría, en posiciones de lealtad a las directrices oficiales.

Respuesta del partido

Ahora están furiosos con los escándalos de corrupción y escandalizados por la respuesta del partido. «Me siento estafado y engañado porque yo entré en un partido en el que se era inflexible con los corruptos y al que incumplía se le echaba», confiesa un influyente parlamentario que participa en todos los grupos de trabajo de la organización pero todavía no ha cumplido los cuarenta. Como él, otros dirigentes que hoy tienen voz y voto en el PP llegaron a un partido renovado y centrista como era el de Aznar en los 90 pero nunca habrían ingresado en la AP de Fraga. Se confiesan cautivados por la voluntad regeneradora de aquel líder que se atrevió a romper con Hormaechea, a desembarazarse por un caso de corrupción del histórico presidente balear Cañellas, y a cortar por lo sano ante el caso Naseiro.

Ahora se declaran desolados por la reacción de Rajoy ante el sospechoso enriquecimiento de alcaldes y consejeros implicados en una causa de corrupción que ya salpica a demasiados en la organización y en la que se registran cifras que se consideran «obscenas» de fraude atribuido a los supuestos dirigentes corruptos.

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Estos dirigentes creen que cualquier político popular que se atreva ahora a levantar la bandera de la regeneración democrática puede generar una marea de simpatía.