| Crónica | La «faena» en el plató |
Para atender al ciudadano, cuanto más cerca, mejor
El presidente del PP buscó desde el primer momento en su comparecencia ante el centenar de ciudadanos la cercanía, para lo que se sirvió de varias estrategias, con tranquilidad y confianza
Mariano Rajoy responde a una de las cuestiones por las que fue interpelado en la jornada de ayer
madrid
El presidente del PP, Mariano Rajoy, buscó en la noche de ayer aproximarse a los ciudadanos de Tengo una pregunta para usted con anécdotas sobre sus experiencias personales y demostrando comprensión ante las preocupaciones de los entrevistadores por la crisis económica.
Este es el segundo cara a cara entre los ciudadanos y Mariano Rajoy, que hace casi dos años participó por primera vez en este formato y del que salió «muy contento». Por eso, el líder del PP se enfrentó ayer a sus entrevistadores más tranquilo y confiado.
Con traje gris y corbata a rayas azules, a juego con el color de las gradas del plató, Rajoy se mantuvo alejado de la silla que tenía preparada al lado de Lorenzo Milá, el moderador del programa, y se movió por el escenario intentando aproximarse a los ciudadanos.
Sujetando un bolígrafo azul barato, gesticulando constantemente con las manos, frunciendo el ceño cuando la pregunta buscaba ponerle en un aprieto y sonriendo educadamente a todos sin excepción, Rajoy demostró que tenía la lección bien aprendida y que su objetivo era comportarse como un ciudadano más y hablar su mismo lenguaje.
Tanto es así que el líder del PP no dudó en saludar con un «bona nit» a una auxiliar de farmacia de Barcelona y en repetir varias veces algunas frases hechas como: «hasta ahí podíamos llegar».
Y la primera pregunta le sirvió para demostrar su intención de aproximarse al público, tanto físicamente como en el tono de sus respuestas y sin miedo a acudir al humor. Así, cuando José Manuel, un empleado de banca de Sevilla, le emplazó a que reconociese tres cosas que ha hecho bien el Gobierno, Mariano Rajoy sonrió y exclamó: «la primera pregunta no es fácil».
También buscó la complicidad con sus entrevistadores, elogiando las preguntas o intentando tranquilizar a los ciudadanos que leían nerviosos las mismas. Estuvo pendiente de acercarse, lo máximo que el plató le permitía, a las personas que le formulaban una pregunta, mirándoles directamente e incluso llamándoles por su nombre.