| Reportaje | El día después |

Un pueblo que ya echa de menos el bullicio militar

Las pequeñas tiendas y los bares de Ferral notaron la ausencia de los militares en una jornada marcada por la tranquilidad y la presencia de periodistas llegados desde muchos puntos del país

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León

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Con los más de 1.500 militares que forman parte de la base Conde de Gazola de Ferral en casa, la actividad fue prácticamente inexistente a lo largo de todo el día no sólo en el cuartel sino también en la localidad de Ferral del Bernesga. Excepto los efectivos que forman parte de los servicios mínimos nadie llegó al cuartel en una jornada en la que fue habitual la presencia desde primera hora de la mañana de medios de comunicación a las puertas de la base militar. Allí, un dispositivo de seguridad impedía el acercamiento de periodistas y curiosos a la entrada de las instalaciones a menos de unos 200 metros. A pocos kilómetros del cuartel, la localidad de Ferral vive con tranquilidad estos momentos en los que se conoce más allá de las fronteras de San Andrés y de León. Sus vecinos confían en las autoridades militares y sanitarias y tienen claro que, de momento, no hay razones para preocuparse. En general, los vecinos alaban las medidas adoptadas, por las que se ha dado permiso, al menos hasta el próximo lunes, a todos aquellos militares que no estuvieron en contacto con aquellos que se incorporaron procedentes del acuartelamiento madrileño. Un pueblo tranquilo que ayer no cambio su rutina. Sólo pudo comprobar cómo la ausencia de militares en la base dejaba vacíos sus bares, lugares habituales de parada de los militares de Ferral sobre todo a la hora de comer y de cenar. Uno de los lugares que más estaba sintiendo ayer esta situación anómala era el bar El Parador, que permaneció prácticamente vacío todo el día, cuando cualquier otro «estaría lleno de militares a estas horas esperando para comer», declaró su propietario. «Hasta ayer a mediodía fue todo normal, pero ya por la noche se notó mucho. Esta semana casi nos podíamos ir de vacaciones», bromeó. Sin embargo, y a pesar de la ausencia de ganancia durante estos días, el deseo es que se conozcan los resultados de los análisis realizados para conocer cuanto antes el desenlace de esta situación, siempre esperando que al final «todo sea para bien», decía un vecino, para que el pueblo pueda continuar con su rutina habitual, de la que forman parte también los militares de la Base Conde de Gazola. El caso es que en Ferral del Bernesga ya están muy acostumbrados a convivir con la vida y el bullicio que generan los 1.500 militares que llegan a la base cada día y esperan que la normalidad vuelva lo antes posible. Ni siquiera en plenas vacaciones de verano, el cuartel está y se siente tan vacío.

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