Más de un millón de vacunas después los ganaderos siguen pagando la lengua azul
Los criadores pierden miles de euros por los abortos, los bajos precios y los costes veterinarios

Un veterinario vacuna al ganado bovino
Un año después de la detección del brote de lengua azúl que afectó de forma masiva al ganado ovino y vacuno del norte de la provincia de León, aún colean los efectos de la enfermedad.
La Junta de Castilla y León a través de una empresa veterinaria subcontratada ha sido la encargada de distribuir los antídotos a las ganaderías de toda la zona leonesa.
El virus, que se transmite mediante la picadura del mosquito culicoide, se extendió rápidamente el pasado verano a miles de cabezas de ganado ovino y vacuno. Frente a la lengua azúl o fiebre catarral no hay tratamiento efectivo por lo que la detección de animales contagiados supuso la eliminación de los mismo, con el consiguiente agravio económico.
Cuando los servicios de la Junta detectaron el brote extendido por los puertos del norte de la provincia se puso en marcha el protocolo de actuación para frenar el avance del virus. La campaña de vacunación y la «cuarentena» de tres meses bajo la que permaneció el ganado supuso una ruina económica para un gran número de propietarios de ganado, que todavía hoy siguen pagando las pérdidas provocadas por el virus.
Por otra parte, la campaña de prevención y el dispositivo desplegado tuvo supuso un coste de más de treinta millones a las administraciones.
Vacunación masiva. En León la lengua azúl mantuvo alerta a las unidades veterinarias de Fabero, Villablino, La Pola de Gordón, Boñar, Cistierna y Riaño que procedieron a la vacunación masiva del ganado ovino, vacuno y caprino. Aunque no afectaron por igual a todos los ganaderos, para algunos la campaña de vacunación supuso la pérdida de muchas cabezas de ganado entre los animales afectados y la elevada cifra de abortos que la vacunación provocó en algunos rebaños de ovejas.
Los costes derivados de los servicios veterinarios, el descenso de la producción de carne, leche y lana; el descenso de los precios y en muchos casos las facturas de los trámites legales para solicitar las indemnizaciones provocó grandes pérdidas entre los ganaderos de las cabañas afectadas.
Indemnizaciones insuficientes. Por otra parte, las indemnizaciones que ya han recibido algunos ganaderos son, según afirman, «insuficientes para cubrir los gastos de la lengua azúl». El importe de la indemnización por los corderos perdidos en los quince primero días tras la administración de la primera vacuna no supera los 18 euros.
La cuantía de las compensaciones no son el único problema, la dificultad para «poder demostrar que la muerte se ha producido por efecto de la vacuna», según destacó en su día José Antonio Turrado, secretario general provincial del sindicato Asaja, es otra de las dificultades a las que tienen que enfrentarse.