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a. gaitero | horcadas
León

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Una treintena de personas, entre ellas tres con discapacidad visual severa, parten en autobús un lluvioso domingo de octubre. Su meta es sortear los cuatro kilómetros del puerto de Horcadas en una jornada de senderismo dominical.

Marce, Rubén y Quique se ponen al frente de las tres barras direccionales. Luis, Raúl y Luci ocupan la parte central y tres personas voluntarias que van rotando entre senderistas y familiares cierran cada una de las tres barras. «Gracias a la colaboración de estas personas es posible este proyecto», comenta Luis Cosío, que tras nueve años, ha podido retomar la afición por la montaña de la que le privó la ceguera provocada por una enfermedad de la retina. Los guías no sólo llevan las barras. Días atrás realizaron la ruta por su cuenta, la grabaron en GPS (para evitar contratiempos por nieblas), contrataron el autobús y encargaron la comida en el mesón de Horcadas.

Amigos y amigas, personas conocidas y gente que se enteró por el eficaz boca a boca y la publicidad -”Raúl es uno de sus principales difusores-” se sumaron a esta ruta por el PR-25 en el Parque Regional de Picos de Europa.

Chester y Gus, los labradores guía de Luis y Luci, se suman a la hilera de senderistas, pero no se olvidan de acercarse cada poco a comprobar que sus dueños van bien.

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La lluvia obliga a sacar los chubasqueros y despierta el buen humor para no defraudar al refranero y sobrellevar el esfuerzo. En tres kilómetros se salva una pendiente de 450 metros y se pasa de los 1.150 de altitud a los 1.650 de la cumbre. Hay que pasar la hoz de los Escalones para contemplar desde los Picos del Diablo poblados de caballos, la cumbre del Peñalba. La fuente los Chorros, que mana de los sumidersos kársticos, y la hoz Oscura, con la sorpresa del Gilbo antes de entrar en Horcadas, fueron los otros hitos de la ruta. Garbanzos con bacalao, la carne guisada y exquisitos postres caseros pusieron el colofón.