Reportaje | Íñigo Domínguez
Emoción en el reencuentro
Tripulantes y familiares regresan hoy a España

Los tripulantes del barco fueron recibidos por las familias de los marinos gallegos.
««¡Ése es Pablo, estoy segura, lo sé por la forma de andar, me apuesto lo que quieras, es él, es él!», repetía Silvia Albés, la mujer de Pablo Costas, llevándose las manos a la cara de la alegría mientras miraba a la lejanía. El Alakrana estaba entrando en el puerto de Victoria, la capital de Seychelles y cualquier otra persona sólo podía ver unos puntitos encima de la cubierta. Las mujeres y parientes de los ocho tripulantes gallegos se movían inquietas en el muelle, notando cómo se descontrolaban sus emociones a medida que se acercaba la nave. Llevaban encima trece horas de vuelo y habían llegado a Seychelles a las siete de la mañana, las cuatro en España. Casi todas se tapaban la boca, apretando los dientes.
El Alakrana, que tocó la sirena varias veces al entrar en puerto, un maravilloso sonido de libertad después de 47 días de secuestro, se puso de costado, para atracar, y mostró toda la tripulación apoyada a la barandilla. Algunos empezaron a saludar. A la distancia en la que se empiezan a reconocer las caras, varios tuvieron que inclinarse y cubrirse el rostro, por la punzada de la emoción. El patrón, Ricardo Blach, estaba asomado a la ventana del puente, con gafas de sol, dirigiendo la maniobra, trabajando hasta el final. Fue su última tarea, traer sanos y salvos a sus 35 hombres. Con el deber cumplido, se jubila. Ha dicho que nunca más volverá a navegar.
Familiares y tripulantes regresaron durante la pasada madrugada hacia España en el mismo avión militar.