susana agustín | profesora del ies joaquín rodrigo de madrid

«En el Petavonium de Colinas podemos reconocernos todos»

Susana Agustín y Nicolás Miñambres, ayer en la conferencia.

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e. gancedo | león
León

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A partir de un espacio real como es el yacimiento de Petavonium, en el norte de Zamora, donde antaño se elevó una importante población romana, el poeta Antonio Colinas ha construido un «espacio mítico» merced a la reelaboración literaria de sus recuerdos de infancia, y también un «espacio arquetípico» en el que cualquier lector puede reconocerse.

Esa fue la tesis principal desarrollada por Susana Agustín, doctora y profesora del IES madrileño Joaquín Rodrigo, en su intervención Colinas-Petavonium: una mirada vuelta a la infancia , donde esta investigadora desveló algunas claves para comprender el territorio mítico del poeta bañezano. Así, Susana Agustín recordó que el autor de Sepulcro en Tarquinia no sólo ha bebido de fuentes literarias, sino también antropológicas y filosóficas, en la obra de autores como Jung, Mircea Eliade o María Zambrano. Para Eliade, el espacio mítico era «aquella porción del mundo en la que se levanta un asentamiento humano, es un acto sagrado que aproxima al hombre a la divinidad en lo que respecta al acto de creación».

Esa teoría de los lugares fundacionales, recordados por sus sucesores como míticos, está presente en la manera en la que Colinas convierte en referencia de sus simbolismos al «misterioso castro trapezoidal» que se alzaba muy cerca de la entrañable casa de sus abuelos en la que pasaba los veranos de la infancia. La vida y la muerte, lo legendario, el eterno retorno, las «ruinas fértiles» que nos hablan de lo que somos, surgen de Petavonium, un lugar «cargado de simbolismo», de «emociones que no son de hoy». «De espacio profano, el castro pasa a ser espacio sagrado, y el tiempo lineal pasa a ser cíclico», destacó Agustín.

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