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El deporte se viste de luto
Jugadores del Celta y el Pontevedra portan una bandera gallega con crespón negro
? Unanimidad en todos los canales, incluso más allá de los espacios informativos: el asesinato de un seguidor del Depor en Santiago, a manos de otros forofos del mismo equipo y cuando trataba de salvar a un seguidor del Compostela, ha sacudido las conciencias. Hubo además incidentes en Castellón, los cuales se suman a los navajazos de este fin de semana en Asturias. Son acontecimientos aislados, sin duda, pero una sola muerte es suficiente, y con razón, para que surjan las preguntas de siempre. El enfoque de todos los canales fue uniforme: «Un suceso que nada tiene que ver con el deporte», como dijo Alfredo Urdaci. Se trata de separar lo que es deporte, lo que es espectáculo y lo que es violencia. Vale; es justo. Pero, ¿acaso el fútbol tiene algo que ver con el deporte? Del mismo modo, me parece que sería interesante reconsiderar la apresurada vinculación entre fútbol y violencia que ocasionalmente salta al debate público. Es verdad que en el fútbol hay, a veces, violencia, e incluso una violencia directamente criminal. Pero la perspectiva cambia si uno toma un poco de distancia. Si uno tiene en cuenta las muchedumbres que se agolpan en los estadios, lo verdaderamente llamativo es que los sucesos luctuosos sean tan escasos. Por supuesto, vaya usted a hablarle de distancia a quien ha perdido a un hijo, a un novio o a un amigo en una reyerta; y sin embargo, es un hecho que en el último siglo hemos vivido una pacificación de las masas. Es verdad que son sucesos brutales, no hay derecho a que nadie muera así. Pero si suscitan tan vivos debates es porque van en contra la propia lógica del estadio, que es la lógica de neutralización de la violencia.