El escritor catalán Quim Monzó, durante la presentación de su obra

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F. López
León

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El escritor Quim Monzó presentó ayer su nuevo libro Catorce ciudades contando Brooklyn (Quaderns Crema), en catalán y castellano, un recopilatorio de crónicas no publicadas y visiones personales de sus viajes a cinco países desde el año 1989. Monzó comenzó a escribir crónicas a principios de los años 70, cuando fue enviado de cronista a Vietnam, Camboya, Irlanda, África y Portugal. En 1989, el Diari de Barcelona le encargó una serie de crónicas sobre la caída de los regímenes comunistas en Checoslovaquia y Rumanía. Ceaucescu acababa de ser ejecutado cerca de Bucarest, y en Praga se vivía la Revolución de Terciopelo. Con estas crónicas de finales de los ochenta empieza el libro y continúa por algunas ciudades de Europa. El escritor sorprende cuando ejerce de turista en su propia ciudad, Barcelona. Los dos últimos bloques están dedicados a Nueva York después de los atentados del 11 de septiembre y a Israel en los últimos tiempos. Monzó criticó ayer el fatalismo con que se tratan los hechos históricos y afirmó que «nada es tan dramático». «Se le da demasiada importancia a estas cosas, como en el caso del once de septiembre. Pero yo fui a Nueva York una semana después y el mercado se abrió a la misma hora y las camareras del bar de enfrente eran las mismas. La vida se altera muy poco», añadió. El escritor criticó también el turismo, «uno de los grandes males de Barcelona, que la está prostituyendo», y comparó Barcelona con Florencia, «una ciudad sin alma llena de turistas». «Los turistas son terroristas culturales y ambientales que vienen sin conocer y que sólo benefician a los de siempre, los empresarios y hoteleros», explicó.

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