Uma Thurman, musa de la vuelta a la gran pantalla del singular Tarantino

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Miguel A. Fernández
León

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Fue en diciembre de 1994 cuando comenzó a gestarse Kill Bill en una conversación entre Tarantino y Uma Thurman, actriz sin cuya presencia la película nunca se filmaría, en palabras del propio autor. Finalmente, el rodaje iba a comenzar en el 2001, pero Thurman quedó embarazada y se retrasó hasta que el 17 de junio de 2002 se dio el primer golpe de claqueta, acabando en marzo de 2003. En total, 155 días de rodaje porque lo previsto en China eran ocho semanas y finalmente serían cuatro meses. Las localizaciones se realizaron en Austin y Los Ángeles (EE.UU.), Pekín y Hong Kong (China), Tokio (Japón) y México. 55 millones de dólares de presupuesto para más de tres horas de metraje que Tarantino y su padrino, el temible Harvey Weinstein, acordaron ofrecer en dos partes antes de reducir la película a una versión amputada. Negocio redondo, pues aunque la taquilla norteamericana no mostró un entusiasmo desbordante (la que ahora se estrena recaudó 69,5 millones de dólares), las recaudaciones internacionales aportarán sustanciosos beneficios. Kill Bill debería haberse estrenado en las pantallas españolas mucho antes, pero un espinoso asunto de derechos obligó a retrasarlo. Los había adquirido para España Manga Films, pero desde Norteamérica prefirieron negociarla con Buenavista. La película es un popurrí de subgéneros varios, aquellos que Quentin Tarantino admira desde su época de consumidor de vídeos: el espagueti western y las de kárate, sobre todo, con numerosas referencias cinéfilas. KILL BILL: EE.UU., 2003. Dir: Quentin Tarantino. Int: Uma Thurman, Lucy Liu, Michael Madsen. Acción.

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