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Habrá Pan para todos
La película es una fiel adaptación de la novela de J. M. Barrie
Intentan satisfacer a los chavales y no mosquear a los adultos. Estamos ante una adaptación bastante fiel al libro de J. M. Barrie (1860-1937), sin la candidez de la versión animada de Disney en 1953, ni la fanfarria inerte (por ahogada en su brillante diseño de producción) de Spielberg en Hook . Con tales antecedentes, los productores y el director australiano P. J. Hogan, el de La boda de mi mejor amigo , recurrieron a la teconología digital para visualizar la desbordante imaginación del texto, procurando que aquella no se tragara a los personajes de carne y hueso, y cuidando el tratamiento fotográfico. Conviene destacar su factura, porque uno de los méritos de este Peter Pan está en no haber renunciado a su condición de cuento fantástico, entretenido para los más pequeños y cargado de sugerencias para los adultos. O sea, un Peter Pan para todos, que en su deseo de negarse a crecer propone una coartada que implica demasiadas cosas en la vida real. Piratas, sirenas, indios y nos inevitables Campanilla y Capitán Garfio, con Wendy como personaje complementario al principal, aparte de provocadora de la trama. El guión concentra sus fuerzas, más en el dilema de una niña que se dispone a entrar en el mundo de los adultos, que en la aventura misma. No se trata de calificarla como maravilla, pero sí la de agradecer un punto de vista coyuntural y acorde con los tiempos, renunciando a esa cargante infantilización en la que Hollywood está empeñado. Los niños, por el hecho de serlo, no son tontos. Y los adultos, por serlo, no renuncian a la inocencia. PETER PAN: EE.UU., 2003. Dir: P. J. Hogan. Int:Jason Isaacs, Jeremy Sumpter, Olivia Williams. 113 minutos.