Reno y unos fachas turcos
El trabajo de Jean Reno es lo más creíble de la película
Jean Reno, más que actor, arrolla en pantalla. E interpreta, que tiene su mérito, aunque con frecuencia le vistan personajes de bulldozer. Es de los pocos con credibilidad para lucir piel de tipos duros, intolerantes, hasta crueles, pero resistentes a cuanto les echen. Como el taladrado detective Schiffer, motor de El imperio de los lobos , otra novela de Jean-Christophe Grangé, ya conocido por Los ríos de color púrpura , exitazo de taquilla en Francia y que también protagonizaba Jean Reno. De propina, ésta última marcó una tendencia (sobre todo estética), que ahora pesa como una losa. Si aquella tenía un toque fascinante y original, aunque fallida por más aparatosa que sustancial, ésta intenta seguir su estela con disimulo. Cuentan que Cris Nahom no pudo con el guión e intentó convencer a Jean-Christophe, que finalmente aportó unas cien páginas al guión definitivo. A saber qué hay del escritor y qué hay del realizador en lo filmado, porque arranca prometedora y en varias direcciones, ambientada en unos bajos fondos parisinos disonantes con la tópica postal de esta ciudad, y se la pega de narices con un desenlace chorra por las montañas de Capadocia. Hay de todo, como en las viejas tiendas de aldea: policía joven pero corajudo, ex-agente despiadado y militante del fin como justificación de los medios, reaccionarios turcos de nombre «lobos grises», servicios secretos a su bola, señora que no es quien le dicen ser? Mimbres que, bien hilvanados, darían un precioso cesto. De propina, una plástica que hereda viejos vicios del clip , mucha nocturnidad y demasiada lluvia. Como si el thriller a la última, y más concretamente «a la francesa», intentara buscar unas señas de identidad que olvidan lo principal: una buena historia para ser bien contada. Sin estridencias, sin filigranas. Filme de momentos, pero no basta. «EL IMPERIO DE LOS LOBOS»: dir: Chris Nahon. Int: Jean Reno, Arly Jover, Jocelyn Quivrin. 128 minutos.