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La jungla humana
Una película sobre perdedores en la mítica ciudad de los sueños
Hay películas que desequilibran emocionalmente. Aguardas la proyección con una idea quizá preconcebida o mediatizada, esperas que se ajuste al thriller más o menos convencional aún en su condición de filme singular, y supones que saldrás del cine buscando afinidades con otras ya vistas, y constatando la crisis de Hollywood que no cesa. Con Crash ocurre todo lo contrario. Es de esas películas que activan las neuronas, provocan interrogantes e inducen a la reflexión, aparte de confirmar que la brillantez todavía no está en extinción. Claro que quien dirige es el autor del guión de Million dollar baby , y eso pesa. Estamos ante una tan brillante como desesperanzada radiografía de una ciudad como Los Ángeles, con toda su aureola por contener en sus fronteras a Hollywood, la mítica fábrica de sueños por excelencia. Pero no es en absoluto un paraíso, es territorio para el desasosiego, la neurosis, la violencia, el odio, el racismo... Se podrá decir que ya es mucho pesimismo, pero Haggis tampoco carga demasiado las tintas, pues a fin de cuentas escoge a una serie de personajes, unos comunes (un cerrajero, un tendero, un policía), otros menos (un fiscal y su esposa, un realizador de televisión y su señora), todos perdedores a su manera, para concluir que la tensión parece el único nutriente de las relaciones sociales. Con Crash se acabaron los paños calientes, lo políticamente correcto de las comedias bobas y los thriller ruidosos, que dan la cara falsa de una ciudad en un discurso que por extensión alcanza a cualquier urbe del llamado primer mundo. Pero además está muy bien filmada, con todas sus piezas bien encajadas y reforzadas por unos diálogos pulidos hasta el insulto. Aparte, sus miradas. La Norteamérica de Crash ya no es la de Frank Capra o la de Walt Disney. Haggis no hace otra cosa que levantar acta, y de qué manera. «CRASH»: EE. UU./Alemania. 2004. Dir: Paul Haggis, Int: Don Cheadle, Sandra Bullock, Matt Dillon. 113 minutos.