Escanciano sorprende al visitante con obras realizadas en distintas técnicas

Publicado por
César Wonenburger
León

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El topo de la Catedral de León convirtió, según se cuenta, los trabajos de los maestros canteros en una especie de velo de Penélope. Lo que ellos edificaban con enorme esfuerzo durante el día, él lo derrumbaba en un vuelo al llegar la noche. Una leyenda urbana medieval que aún se mantiene en la memoria de la ciudad. Pero el tejido que la esposa de Ulises fabricaba era de urdimbre mucho más delicada que los muros destruidos por el topo, como las obras que ahora presenta en Ármaga el artista leonés Miguel Escanciano, que ha sustituido el fino hilo de lana por el cáñamo, el mimbre y preciosos papales de elaboración artesanal. Al artista le gusta contar una historia diferente en cada exposición, y casi siempre basa sus argumentos en relatos que le llevan a transitar por los laberintos de las culturas de la antigüedad. El Jardín de las Hespérides, con sus milagrosas manzanas de oro, fue su última interpretación de los mitos. Ahora, en esta nueva exposición, nos propone un viaje a la Grecia que contara Homero. Parte para ello de aquel Caballo de Troya que tanto peligro escondía en sus tripas huecas, pintando una y otra vez el mítico corcel. Pero hay más. Se ha inventado Escanciano una especie de tapices, de velos de Penélope, que le ha dolido deshacer, y que presenta en forma de cuadros de finísimos colores. Convierte en pintura el original tejido y con él sorprende al espectador, cautivándole con la figura enigmática de un caballo que se repite a través de muy distintas técnicas pictóricas. Caballo Griego , como todas las propuestas de Escanciano, es una exposición para ver despacio, para interpretar con todo el subjetivismo del mundo, porque el artista ofrece un sugerente ejercicio abierto de simbolismos múltiples cuya última intención, posiblemente, ni él mismo conozca. Juega con una amplia serie de texturas que integran en la obra materiales como papeles tailandeses, hindúes y nepalíes, que, entretejidos con hilos de cáñamo y fragmentos de mimbres, conforman unas composiciones eminentemente poéticas. Los títulos, Invasiones , Peregrinaciones ¿ tienen mucho que ver con el conflicto histórico griego. Son citas de la mítica guerra de Troya, aunque no encontremos a Helena entre las referencias del pintor. Cuenta Escanciano que la mitología es algo que Le ha interesado siempre: «No sólamente desde una vertiente poética o filosófica, sino también desde un sentido plástico. Ésa es la justificación a mi acercamiento a la mitología griega». «Toda la exposición surgió -dice- en un momento en el que se estaba hablando mucho de guerra y yo busqué la representación plástica de ese conflicto en el caballo griego que sería la imagen del carro de combate actual. Pero también el Caballo de Troya se refiere a una revista de poesía que se publicó en 1976». Escanciano sigue viviendo su jornada, tejiendo y tejiendo sus vivencias, sin que aún haya llegado su noche para, escondido en una oscuridad plagada de presagios y misterios, deshacer lo hecho, emulando al gigantesco topo de la Catedral que, por cierto, puede que aún viva escondido en el vientre de ese caballo troyano. Horario: de lunes a viernes de 12.00 a 14.00 y de 18.00 a 21.00; sábados de 12.00 a 14.00. Calle Alfonso V, 6.

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