Diario de León
Los artistas pusieron al respetable al borde de la emoción

Los artistas pusieron al respetable al borde de la emoción

Publicado por
Miguel Á. Nepomuceno
León

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Hacía tiempo que este cronista y muchos de los viejos aficionados a la lírica no presenciábamos una Traviat a como la que la Cope, de la mano de la Compañía Ópera 2001, trajo hasta el Auditorio leonés el pasado lunes. Desde cualquier aspecto que se mire, La Traviata ofrecida no tuvo fisuras canoras y muy pocas musicales, a no ser por el escaso número de músicos en el foso que hizo resentirse en las dinámicas algunas partes de esta singular y sentida obra. Tanto desde el punto de vista escénico, con unos decorados de época, cuidados y funcionales, como su vestuario, acorde con el período en el que se desarrolla el drama, todo en escena funcionó y demostró que si se cuidan las contrataciones o al menos se exige que lo que ofrecen las agencias sea digno, podremos disfrutar de espectáculos como éste, que ponen muy alto el listón de la lírica en el León. Chris Nance es un veterano director que sabe trabajar las exiguas masas orquestales para sacar de ellas el máximo sin tener que llegar a situaciones extremas. Mantuvo en todo momento el equilibrio, permitió cantar a los solistas, dirigió perfectamente las entras y contuvo a las masas corales haciendo de todo ello un perfecto engranaje visual y canoro. Tal vez desde lugares más alejados del foso el sonido se resintiera de esa exigüidad y primaran algunas secciones por encima de otras, pero en general, con lo puesto, no se le pudo pedir más. La coreografía excelente y los tres bailarines, especialmente la bailarina solista, impecables. Pasando al aspecto canoro, esta versión de La dama de las camelias no tuvo que envidiar a otras producciones de mayor presupuesto, pues tanto los papeles protagonistas como los comprimarios estuvieron a la misma altura de excelencia.  Kathleen Berger, la soprano ligera norteamericana que encarnó a Violetta, se metió en el personaje, vivió y comunicó su dolor, su desengaño y su resignación y lo que es más, lo expresó con una voz que, si pecó de potencia limitada quedándose algo corta en la zona aguda, estuvo sin embargo correcta y segura en todas sus intervenciones, con momentos estremecedores como en la conocida aria  Amami Alfredo . Alfredo fue el valenciano Guillermo Orozco, uno de los mejores tenores en este papel que recordamos, valiente, con empuje, con medias voces muy afinadas y extensión en el agudo. Destacó en el aria Di quell'amor con el dúo de un cálido romanticismo y en especial en Lunge da lei de mie bollenti spiriti , que le dio ocasión de lucir su bella voz de lírico puro. Parigi o cara fue otro de esos momentos electrizantes que pusieron al respetable al borde de la emoción. Como Germont estuvo brillante y contenido el barítono ruso Igor Gavrilov, de imponente presencia escénica y potente y modulada voz, que cantó con énfasis, dramatismo y un punto acelerado. Se le hubiera pedido un poco más de lirismo y hondura, aunque mantuvo la línea de canto con vocalidad bien definida. El resto de los secundarios, muy correctos en sus roles. Una gran Traviata con excelentes voces.

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