asturleonesa DE VINOS | pajares de los oteros
Escuela de 'vinología' tradicional
El rosado aquí es un clarete de los de antes y se elabora como lo hacían los paisanos de otros tiempos: en cueva tradicional y en grandes cubas que se miden por cántaros. La terminología de uso convierte la conversación en un paseo por el pasado en una bodega que es más un museo.

Aspecto del interior de la bodega, con las cubas y los bocoyes siempre en perfecto estado de revista y listas para la fotografía.

Maneja Rubén Roldán con mucho gusto y buen criterio una rica terminología que ya nadie usa para referirse a las labores en la viña y en la bodega, a los medios y las medidas, los tiempos y los usos y procedimientos. Pero se le enternece la voz cuando habla de... ellas. Todas tienen nombre. Todas menos dos. Las «ateas» son las más grandes, pero las reinas de la bodega son la Virgen de Covadonga , inevitable por la ascendencia asturiana de su mentor, y la Virgen de Oteruelo , que tributa homenaje a la patrona de Pajares de los Oteros. Las sin nombre, también conocidas como las redondas , hacen 550 y 500 cántaros, tal y como figura en la placa dorada que adorna cada una; 112 hace la Mimosa y 222 la Guapa . Y las reinas , que como tales son tratadas por Roldán Caballero, dan cobijo al vino de 333 y 285 cántaros bien medidos. Son dos auténticas piezas de museo, pulidas, ajustados los aros y resplandecientes los metales. «Igual que las ves por fuera están por dentro», dice el bodeguero que presume de ellas y del privilegio de hacer el vino allí, como antaño. Enormes cubas y bocoyes que los maestros toneleros montaban, duela a duela, en el interior de la bodega, porque de allí sólo saldrían para atizar la hoguera. Ya casi no queda nada igual bajo la tierra que bendice la uva apretada y picuda.
Le hubiera gustado verlas así a don Juan José Suárez Gutiérrez, un asturiano que recaló en Pajares de los Oteros y que ya no se fue nunca más, porque queda su memoria. Hizo casa -con hórreo, por supuesto- y compró bodega y viñedo, pero no tuvo tiempo de ver rematado su proyecto, que luego llevó por nombre los apellidos de su viuda, Sánchez Jove, y ahora figura adscrito a la Denominación de Origen Tierra de León como Asturleonesa de Vinos. Sin embargo, ninguno de los que elabora llevan la certificación del consejo regulador y se comercializan como vinos de mesa. No pasa de ser un hecho puramente anecdótico porque no supone, por supuesto, ninguna merma de calidad. El volumen de la bodega, que elabora exclusivamente con viñedo propio, lo da el rosado, en realidad un clarete muy al estilo de antes por colorido, carga aromática, frescor y el notable aporte de carbónico que da el madreo. La producción de los dos tintos es sencillamente testimonial: este año apenas 1.200 botellas de joven (2,40 euros en bodega) y 1.000 de un crianza con doce meses de permanencia en barrica (3,30 euros) que viene elaborándose desde la vendimia del 2006.
La singularidad la constituye un blanco de las cepas que ocupan tres heminas a lo largo de un lindero, apenas 330 pies que toda la vida fueron considerados de verdejo hasta que un riguroso examen ampelográfico acabó determinando que venía siendo... godello. No hay nada así en la tierra del prieto picudo, de manera que, considerado el valor de la excepcionalidad, desde hace tres vendimias se vinifica por separado para hacer un blanco distinto (1.200 botellas; 2,50 euros).
El entorno geográfico cada vez en mayor medida pero sobre todo históricos clientes asturianos, entre ellos algunos conocidos ex jugadores del Sporting de Gijón, se benefician del excelente trabajo en la viña y en la bodega del bueno de Rubén y del cariñoso cobijo que el vino recibe de sus... reinas .