Luna Beberide | Cacabelos
Tintos en la casa de los blancos
Desde que en el año 1986 apareció en el mercado la estilizada botella verde de Viña Aralia, Luna Beberide ha desarrollado un innegable magisterio en la elaboración de vinos blancos. Pero nunca abandonó los tintos, que ahora reinterpreta con gran criterio y muy buenas expectativas.

Vista general de Valdetruchas, la finca de cincuenta hectáreas sobre la que se levantará la bodega.

Hemos ido poco a poco, despacio, cuidando la tierra, mimando las cepas, volcados en la materia prima, desde la planta hasta la etiqueta y bajo la filosofía de que la calidad siempre va unida al respeto a la tierra». Veinticinco años después de que Bernardo Luna Seco sentase las bases de lo que hoy es Luna Beberide, la bodega de Cacabelos sigue instalada en la vanguardia enológica del vino berciano y es una referencia imprescindible en todos los sentidos. Bajo la tutela muy directa de Alejandro Luna Beberide y al amparo de las instalaciones construidas en 1991 al pie de El Francés, una viña de 14 hectáreas de carácter experimental, los vinos blancos fueron siempre una prioridad para la bodega. La diversidad varietal le permitió ampliar la carta que abrió en 1986 el legendario Viña Aralia (50% gewürztraminer y 50% chardonnay; este año 145.000 botellas a 4,20 euros en bodega), con un monovarietal de esa misma casta centroeuropea (15.000 botellas; 7,00 euros) que sólo elaboran otras dos bodegas bercianas y, por supuesto, un godello imprescindible (40.000 botellas; 7,50 euros).
Tanta dedicación a los blancos supuso que la bodega no embotellase su primer tinto hasta 1998. Tenía también como base en este caso una amplia oferta de viníferas en la finca, Valdetruchas, en la que concentran en Villafranca 50 de las 80 hectáreas de viñedo propio. Hay mencía, por supuesto, pero también tempranillo, cabernet sauvignon y merlot que dieron vida a dos tintos legendarios, el reserva Luna Beberide y el crianza Tierras de Luna , ambos al margen de la certificación de la denominación de origen, lo mismo que dos de los tres blancos, por sus aportes varietales. Esos dos vinos están hoy fuera del catálogo después de que la bodega girase radicalmente hacia la mencía, manteniendo el joven que lleva el nombre de la sociedad (180.000 botellas; 3,30 euros) y lanzando sucesivamente los crianzas Finca La Cuesta (70.000 botellas; 7,50 euros) y el soberbio Art , con 12 y 18 meses de guarda, respectivamente. Lo más dulce de la casa guarda alma de niña. La niña es Alma, tiene poco más de dos años y en su honor Alejandro y Alicia hicieron y vistieron el semidulce Alma de Luna (petit manseng y moscatel), del que este año se venderán mil botellas (10,00 euros).