RUTAS Y CAMINOS | ruta de LOS CALDERONES
El desfiladero de la memoria
Piedrasecha. El desfiladero de Los Calderones está considerado como Punto de Interés Geológico porque las calizas que lo envuelven tienen 360 millones de años. Desde lo alto de su recorrido se dibuja la s

El desfiladero de la Ruta de los Calderones, paisaje en Piedrasecha y la entrada a la cueva.
La ruta se inicia en Piedrasecha para tomar una vereda casi paralela al río. La distancia a recorrer son seis kilómetros y el trayecto tiene una dificultad media. El comienzo destaca por una gran roca silícica, muy llamativa por los líquenes amarillentos que la colonizan. Pronto se llega a la fuente del Manadero y, un poco más allá, a la Cueva de las Palomas que alberga una sencilla ermita rupestre que custodia la imagen de Nuestra Señora del Manadero. Todo el pueblo le rinde homenaje el último domingo de julio cuando se celebra su romería. Al seguir avanzando es fácil observar que el río ya no fluye en superficie sino que su circulación es subterránea, fenómeno característico de los terrenos de naturaleza caliza. Así se cruza todo el desfiladero, con paredes verticales que, en algunos puntos, casi llegan a tocarse. La ruta termina en una cancilla que separa los terrenos de Piedrasecha de una finca particular. A partir de este punto se puede optar por el mismo camino para regresar o continuar hacia Santas Martas y las Vegas del Palomar.
Los Calderones están considerados como Punto de Interés Geológico en el atlas del Medio Natural de la provincia de León. Las calizas que se pueden ver a su paso tienen su origen en sedimentos depositados desde hace 360 millones de años en un antiguo mar que cubría toda la zona. Los diferentes estratos se depositaron horizontales pero hoy se pueden ver con distintas inclinaciones. El arroyo de Los Calderones ha ido esculpiendo el desfiladero gracias a la enorme energía que desplegó en época de crecidas que fueron excavando durante miles de años el valle.
Entre las paredes verticales del desfiladero anida el «treparriscos», una de las aves mejor adaptadas a estos ambientes, rebuscando con su pico largo y curvado entre las grietas y fisuras de la caliza las larvas e insectos de los que se alimenta. De tono gris ceniciento despliega toda su belleza al abrir las alas de un intenso rojo bermellón. Común a estos ambientes es la «apoyo», una de las mariposas de montaña más llamativas gracias a sus ocelos rojizos y negros muy vistosos sobre las alas blancas.